October 2006

You are currently browsing the monthly archive for October 2006.

No he encontrado nunca más adorables sus labios; parecía que se entreabrían lánguidos para aspirar los dulces sonidos del instrumento y exhalarlos de nuevo, con la suavidad de su hálito. ¡ah! ¡Si yo pudiera hacer que compartieras conmigo lo que sentí en ese momento! Incliné la cabeza desfallecido y me juré no atreverme nunca a imprimir un beso en su boca, en aquella boca donde revoloteaban los serafines del cielo. Y, sin embargo, yo quiero… No. Hay una barrera imposible de cruzar que la separa de mi alma. ¡Destruir esta pureza! Y después el castigo que sigue al pecado. ¿Pecado?

Werther - Goethe

¿Esperar hasta mañana? No. Lo siento, Ismar. No puedo esperar. Muero de ganas por tenerte… por no perderte. Podría esperarte por siempre, pero la incertidumbre está destrozándome por dentro. Tomo el móvil, marco su número. El móvil suena, dos veces. La llamada se cae; como si ella hubiese cancelado la llamada en vez de atender. Intento de nuevo: pasa lo mismo. Sigo intentando así un par de veces más: nada. Al final le escribo un mensaje:

-Ismar. Soy yo, necesito hablar contigo. Atiende por favor.

Tanta insistencia me hace sentir como un tonto obsesionado. Pero no me importa. Nunca he demostrado orgullo delante de una mujer; y menos delante de la mujer que amo.

Le escribo un par de mensajes a Ismar; y nada: no atiende. Dejo el móvil en la cama. Me siento decepcionado, impotente. El móvil suena: es ella.

-Por favor, deja de escribirme. Estoy con mi novio. Se dará cuenta. Mañana hablamos. Cálmate. Todo va a estar bien…

El mensaje me hiere, como si cada palabra se clavara como hojillas filosas en mi pecho. Sus últimas palabras: cálmate, todo va a estar bien, apenas me dejan la menor esperanza. Pero esta esperanza es suficiente para que al siguiente día me levante y espere a Ismar para almorzar.

El hombre está hecho de manera que necesitamos asirnos a algo; aunque sea lo más mínimo, lo más ilusorio, -a veces- del engaño o la tonteria más grande que se nos podría ocurrir estando en nuestros cabales. Pero el vacío y el miedo que llevamos por dentro es tan grande, que nos sujetamos de lo primero que encontremos cerca, sin tomarnos tan sólo un segundo en reflexionar. Aún cuando en el fondo de nosotros mismos sintamos el engaño, preferimos hacer la vista gorda, fingir que no vemos, y engañarnos. Para huir del miedo, para intentar llenar el vacío que cada uno de nosotros lleva por dentro. No importa cuan grande y evidente sea la mentira a la que nos aferremos. Con tal de que esté ahí y sea suficiente para ocupar nuestra mente y, mientras menos reflexión nos exija dicha mentira, aún mejor.

Así fue como el hombre creó toda esta sociedad. Impulsado por el miedo al vacío y a aceptar la naturaleza humana. Así, además, es como esta sociedad se mantiene, día a día. Trabajamos, nos imponemos un horario, al mediodia comemos en grupos, hablamos y hablamos ¿De qué? No importa: es esencial que no se escuche el silencio. Si no tenemos nada que hacer al salir, nos quedamos horas extra, o nos buscamos otra actividad para llenar todo el tiempo posible. Reducimos nuestra vida, de manera que llega a ser tan pobre: que los fines de semana organizamos actividades con los mismos compañeros de trabajo que vemos los días de semana. Trabajamos toda nuestra vida encerrados en una oficina, por un dinero que no necesitamos. Pero, para no darnos cuenta del ridículo que hacemos, apenas cobramos salimos disparados a comprar ropa, iPod, algún artículo para nuestra PC, a comer a un lujoso restaurante, a organizar una gran salida (con los mismos compañeros de trabajo, por cierto), o reunir para comprar un automóvil… que parece ser la mayor meta de los jóvenes hoy en día. Imbéciles ¿Después qué? Me pregunto que pensarán todos estos jefes y gerentes cuando quedan atascados, en sus flamantes autos, en las largas colas que cada día se vuelven más y más insoportables. Me pregunto si es por eso que no dejan de tocar la bocina y de insultarse unos a otros -aún cuando saben que el conductor vecino tiene tan poca o tanta culpa como ellos mismos-… Al final es el mismo corazón del planeta el que paga las consecuencias. Se van talando más bosques, van falleciendo más especies, se va calentando el planeta más y más, poco a poco… Pero no se piensa en algo más que en comprar un auto, que en producir y producir… hasta que un día todo estalle: la capa de ozono se resquebraje por todas partes, los polos se derritan y se produzca tal catástrofe que no quede más nada que hacer que abrir los ojos…

Entonces, supongo que habrá una nueva excusa para intentar huir del vacío: cuidar del planeta… volver a empezar…

¿Quien sabe? Tal vez exagere. Pero estoy seguro que todo empezó así… que el primer cimiento… la primera columna del primer rascacielos se levantó por alguien que tenía miedo de su debilidad y de su pequeñez… Hacía falta hacer algo grande y ocuparse de algo grande, para no pensar en todo esto… Y quien tuvo más miedo fue quien más se aferró… y lo llamaron ministro

Así como Ismar también tiene miedo, miedo de quitarse las ataduras. Miedo de vivir… Pero cuando, al fin llega, en cada paso que da, en cada mirada, en cada palabra, en cada gesto, siento como si dijera que me ama…

-¿Cómo estás? -le pregunto, dejando a un lado el libro que sostenía mientras la esperaba.

-Mal, muy mal por todo esto. Nada de esto está bien…

-Pero, ¿por qué Ismar? ¿Cómo puede estar mal esto tan hermoso que sentimos el uno por el otro? Si todas las personas que viven sobre este planeta se quisieran así, estoy seguro que…

-Lo sé. Pero él tampoco se merece esto. Ya yo le di mi palabra. Si hubieses llegado antes…

Ante esta última frase me irrito: yo no tengo culpa de haber llegado antes o no. Simplemente las casualidades pasaron así… Pero esto no quiere decir que yo sea peor para ella y se lo hago saber. Al tiempo que le explico todas las cosas que me prometí decirle…

Ismar se conmueve. Tomo la ocasión para acercarme a ella, logro rozar sus labios. Ella me sujeta los cabellos; vuelvo a sentir la vida recorriendo mis entrañas. Perdóname… Todo esto es muy bonito, pero yo no sé cuanto va a durar… En cambio, ya yo tengo algo estable, y me siento segura… No puedo de verdad… No vine acá para volver contigo, vine porque necesito pedirte que no vuelvas a buscarme… Necesito que estés alejado de mí. No quiero que se vaya a dañar mi relación con Carlos… Entiende, por favor….

Me quedo atónito, a su lado. Ismar se aleja.

-Te odio -me dice-, te detesto por irrumpir así en mi vida. Te odio… No vuelvas a buscarme nunca más.
-¿Cómo puedes decir esto Ismar? -Le digo con lágrimas en mis ojos
-Porque no quiero que me busques. Quiero que me odies, que te olvides de mí… Lo siento. Serás un hermoso recuerdo. Pero lo nuestro no puede ser. Espero que no insistas más… Por favor.

Ismar se levanta de pronto y se va sin decir una palabra más. Pero me doy cuenta del esfuerzo que hace por dejarme ahí, solo… que lo hace sólo para que crea sus palabras.

Espero un par de minutos. Me decido. Dejo un par de billetes sobre la mesa, tomo el libro y salgo casi corriendo del restaurante. Ismar está a una cuadra. Voy tras ella. Cuando estoy por alcanzarla la llamo: no atiende. Me situo a su lado, le pido que espere un segundo.

-No, lo siento, ya hablamos. Por favor, olvídate de mí… Te lo pido… Sabría que me seguirías. Él me llamó hace unos minutos y le dije que me pasara buscando por acá. Ya está por venir… Por favor, debes irte -me responde Ismar con los ojos empañados de lágrimas

Me volteo y lo veo venir. Esto es demasiado, digo en voz alta y sigo caminando rápidamente.

Sin saber muy bien que haré, le envío un mensaje a mi jefe, diciendole que volveré tarde a la oficina y pidiendo disculpas.

Camino hacia la estación del metro Otro día de trabajo. No dejo de pensar en Ismar, en sus palabras, en todo lo que hablamos e hicimos desde el día que nos presentaron. Todo pasa una y otra vez como una película en cámara rápida. Me siento agotado. Cuando al fin llego al metro, me doy cuenta que no tengo dónde ir, que ya no podré buscarla, que la principal razón que tenía para levantarme cada mañana ya no está, y sólo me queda su recuerdo… Mi corazón se achica, explota, se convierte en un agujero negro que empieza a absorber y a oscurer todo… De pronto no queda nada, sólo yo frente al universo entero, a un gran vacío que me rodea y amenaza con absorberme a mi mismo. Pienso, busco a mi alrededor: pero nada es suficiente para llenar el vacío que me rodea.

Bajo la mirada y le pido a Dios que me envíe algo, alguien que me haga olvidar todo esto, y me de una razón para seguir adelante… aunque sea una mentira

Mi móvil suena. Es un mensaje:

-Hola. ¿Te acuerdas de mí? Soy la chica que conociste en la estación mal agüero el día del accidente del metro. Te escribía porque ayer terminé de leer el último libro de Dan Brown y tú me prometiste prestarme un buen libro… Además podemos salir a tomar un café… Me pareciste una persona interesante… Aunque un poco antipático… ¿Qué dices?

Me quedo mirando el mensaje. Recuerdo a la chica. La mala impresión que me dio ese día. Pero ¿qué importa que diste mucho de ser la persona con quien me gustaría estar? ¿Qué importa si rechazo todos mis sueños, si oculto mi propia personalidad con tal de tener un poco de compañia a cambio, y no seguir tan solo? Reflexiono unos minutos… Pienso en Ismar y tomo mi móvil:

-Disculpa, creo que te equivocaste de número. -Le respondo a la vez que elimino ambos mensajes

Me guardo el móvil, entro a la estación y bajo a tomar el tren. Me siento cansado. Decaído. Sin rumbo. Con un insoportable vacío dentro de mi pecho…

-Se les recuerda a los señores usuarios que deben mantenerse detrás de la franja amarilla y sólo cruzarla cuando el tren se detenga y…

Empiezo a pensar que tal vez lo mejor sería, cruzar la raya amarilla unos cuantos segundos antes de que llegue el tren… Lo suficientes como para hacer que este vacío desaparezca, aunque yo me vaya con él

El viento me golpea… Veo el tren venir… Las piernas me tiemblan, bajo la mirada, el corazón me late con fuerza, doy un paso en falso… Espero. El tren llega, las puertas se abren. Me subo, sin dejar de mirar al suelo. Me dejo caer en el asiento. Abro el libro que llevo e intento leer un poco, salir de mi vida y entrar en la vida de alguien más… Cuando creo que voy a conseguirlo, veo caer un par de gotas que empañan el libro ¿Estoy llorando? -me digo- Me toco los ojos: están secos. Otro par de gotas caen sobre el libro. Subo la mirada: un charquito de agua fría del aire acondicionado me cae en la cara. Me irrito. Oigo una risilla curiosa a mi lado que hace que me moleste aún más. Volteo: es una chica linda, pelirroja. Ella me sonríe, yo le frunzo el ceño, como por acto reflejo, mientras me limpio los ojos. Otro par de gotas frías me caen encima. Apoyo mis pies para levantarme del asiento. La joven se cambia al asiento de al lado, cediendome así su puesto. Acepto el favor, hipnotizado por el movimiento de sus cabellos rojos… e intento seguir leyendo, a la vez que noto como la chica se queda observando mi libro, con curiosidad y ¿admiración? Me volteo, la miro con detenimiento sin reparar en si soy indiscreto o no… Detallo sus rasgos… Me da la impresión de conocerla, pero ¿De dónde? La joven me devuelve la mirada: sus ojos son tan profundos que apenas resisto unos segundos. Bajo mi vista y, en esto, veo que lleva un libro sobre sus piernas… En la contraportada hay una foto en blanco y negro… Lo reconozco: es Sartre, uno de mis escritores preferidos. Enseguida, vuelve a mí el recuerdo del día que empezó todo esto: La chica a mi lado es la misma chica que vi en el metro y seguí pero perdí de vista: Es ella…

¿Así que a ti también te gusta leer? -Me dice, sacándome de mi ensueño

Son casi la 1 p.m. En breve, miles de personas volverán a sus puestos de trabajo. Todos esforzándose en mover la gran maquinaria del mundo, en producir y consumir; dando lo mejor de sí para llenar el vacío de la existencia humana. Sin pensar que, tal vez, el verdadero deber sea tan sólo detenernos un segundo a pensar, a tratar de conocernos, y aceptarnos… que tal vez la clave -lo único que pueda llenar para siempre este vacío- esté dentro de nosotros mismos… o en una aventura, en un encuentro casual, que entonces, tendremos que vivir, sin detenernos a pensar…

Son casi la 1 p.m. Miles de personas van y vienen de un lado a otro, en una carrera absurda y sin sentido. En una plaza, sobre un árbol, un pajarillo canta a la sombra, dando gracias por el milagro más grande que todos tenemos: existir. Al mismo tiempo, a unos metros en el subterraneo: una nueva historia está a punto de comenzar…

Me decía una y otra vez que, si un hombre, un hombre sincero y desesperado …, ama a una mujer con todo su corazón, si está dispuesto a cortarse las orejas y enviárselas por correo, si es capaz de sacarse la sangre del corazón y volcarla en el papel, saturar a esa mujer con su necesidad y anhelo, asediarla eternamente, no puede ser que ella lo rechace. El hombre más feo, más débil, el hombre más indigno, ha de triunfar por fuerza, si está dispuesto a dar hasta la última gota de su sangre. Ninguna mujer puede rechazar el don del amor absoluto.

Sexus - Henry Miller.

Mi corazón estalla. Se detiene. La sangre deja de viajar por mi cuerpo, de vitalizar mis organos, mis extremidades. Mi cuerpo entero se seca, se vuelve de piedra, de hierro: se convierte en una vieja campana, oxidada y vacía: por dentro, mi alma rota, grita, la golpea con fuerza: la campana -mi cuerpo- se sacude, de abajo hacia arriba, en violentos escalofríos.

Ismar me mira, con la misma profunda mirada de amor, que intenta descubrir todo mi ser y dejar expuesto el suyo: su mirada hace que los pedazos de mi corazón vuelvan a unirse despacio; como cromo. Pero antes de que vuelva a sentirme completo, su mirada se apaga, lentamente, como si todo su amor, todo su ser estuviese siendo poseído por algo más: por la imagen del compromiso, del matrimonio, de la sociedad. “Espero que no me odies, y puedas perdonarme un día“, me deja como palabras de despedida, justo antes de que su ser quede eclipsado por el frio antifaz de quienes buscan la comodidad y la seguridad, dejando a un lado la pasión, la vida…

Mis manos tiemblan, los fragmentos de mi corazón arden y palpitan por dentro. Un impulso desesperado me lleva directo a sus labios; pero es inutil; ella me esquiva. Sus labios, que estaban tan cerca de mí cuando pensaba en ellos en la soledad de mi cuarto. Ahora, frente a mí, están infinitamente lejos, como separados por un muro terrible, helado, insondable.

Siento como, tras perder mi último intento, mis brazos fallan, mi frente empieza a sudar y mis ojos se nublan: pierdo una a una todas las fuerzas que sentía en mi interior hace unos minutos. Me siento aún más débil y solo que antes de conocerla. Porque ahora, después de perderla, lo que me mantenía con vida, la esperanza de conocerla desaparece.

-no te ves bien -me dice.
-¿cómo podría estarlo? -respondo quejándome.
-de verdad discúlpame, no quise hacerte daño. Ayer no pensaba en nada; pero hoy reflexioné todo, tenemos varios años juntos, hemos hecho muchos planes juntos y… -se interrumpe mientras saca el móvil de su bolso. -Es él. Debo irme.

Ismar le pide la cuenta al mesonero. Yo me quedo hundido en el asiento. En el fondo hay como una sonrisa, como una mueca que se asoma en mi rostro. La situación es tan triste, tan absurda, que me cuesta creerla. Por una razón extraña, el hombre y la mujer no pueden creer o asimilar una noticia muy buena o muy mala, apenas la reciben. Hace falta segundos, minutos, horas, a veces hasta días completos, para poder absorber todo esa alegría, o tristeza, que el inesperado suceso trae.

Por esto, en el punto más bajo, cuando creí que me desmayaría, que arrancaría a llorar, que no podría soportar más todo esto. Me calmo. Ismar se pone de acuerdo conmigo, decidimos que ella saldrá primero, para estar seguros. Yo asiento con tranquilidad, aún cansado y confundido. Ismar se va. En unos minutos, yo también salgo y regreso a mi oficina. Paso todo el día pensando en ella, en que encontraré una forma de que estemos juntos, de hacerla entender que, más romantico, más hermoso que un anillo de compromiso o un vestido blanco, es un corazón latiendo de amor, unas manos temblando, sudando tan sólo por estar frente a la persona amada; que sentirse totalmente lleno con alguien, es un lazo más fuerte que un par de firmas; que no tiene sentido venir al mundo a tratar de darle comodidad, seguridad y estabilidad a una vida que en el fondo es perecedera y efímera; pero que, tal vez, sí valga la pena volverse como estrellas fugaces, que aunque su existencia parezca desvanecerse ante nosotros en tan sólo un segundo y carecer de sentido, en el fondo son hermosamente sublimes y viven en nuestros corazones por siempre; que quien quiere asegurarse una vida larga, fallece sin remedio, y, quien no teme entregar su vida, obtiene la vida eterna. Aunque esté toda envuelta en un segundo.

Paso toda la tarde en mi puesto, reviviendo la vida de los heroes, de los más grandes amores de la historia. Paso toda la tarde escribiendo palabras en la arena del pensamiento, dejando que las horas transcurran. Me prometo explicarle a Ismar, con mi mirada ardiendo, que Dios vive más en el corazón de quien cree firmemente, que en una bonita iglesia. Me veo allí, con la verdad en la boca, hablandole firmemente, haciendo frente a todas las farsas que desde pequeño nos hacen creer; por primera vez me veo ahí, dandole una patada a la sociedad, justo en el centro. Y llevándome a Ismar, por siempre…

Seis. La espero en la planta baja; a un lado del pasillo, desde donde no pueda verme cuando salga. En unos minutos la veo caminar, le dice unas palabras al vigilante: su voz está apagada, como en el día de la partida de Syd. Sigue caminando y sus pasos son lentos, tristes, su cabeza está baja y en sus ojos no guarda el menor brillo…

Salgo a su encuentro. Apenas me ve, Ismar se sonrie como una niña. En un segundo, su cuerpo recupera toda la vida de la que carecía. De nuevo veo a mi amante ahí, frente a mis ojos… Salgo a abrazarla. Ella acepta mis brazos. Por un instante vuelvo a sentirme del todo lleno. Pero, sólo por un instante. Ismar se aparta. Pueden vernos… Es demasiado arriesgado. Escucha, necesito que hablemos, tengo muchas cosas que decirte… Vamos a salir de aquí. No, no puedo. Espero a…

En este momento, llega una persona, alta, vestida de traje, bien peinado y con un carné colgado al cuello, todo impecable y correcto. Me quedo mirándolo con rabia por habernos interrumpido, pero no alcanzo a imaginar cuan grande es el odio que puedo sentir por este desconocido hasta que él se acerca y… besa a Ismar en los labios.

Apenas puedo contener las lágrimas de mis ojos; ya no siento nada por dentro, como cuando la herida es tan grave que todo el dolor desaparece y sólo queda un pequeño hormigueo.

-Carlos, él es el ingeniero del sistema de nómina. Hablábamos de unos pequeños ajustes que tenemos que hacerle…
-Ah ¡Mucho gusto! Ismar me ha hablado muy bien de usted. Me dice que eres un excelente programador.
-No… no es nada. Discúlpenme, debo irme. Espero que estén bien. -y me alejo.

Salgo de la empresa con las últimas fuerzas que me quedan. Camino unos pocos pasos y, cuando pienso que ya no puedo más: que voy a caerme, a gritar; recibo un mensaje.

Le doy a leer: es Ismar. Espérame mañana en el mismo restaurante de hoy, a la una… Tenemos que hablar

Lo observo. En cualquier momento va a empezar a moverse y a hacer ruido… ahí está: ¡TI…! Apago la alarma, y sigo sin moverme. Apenas llevo unos minutos despierto, pero en mi boca, en lugar de una sensación amarga, tengo un sabor distinto, como un hormigueo dulce que recorre mis labios, me llena por dentro e inunda mi mente. Una escena me regresa el día de ayer: la lluvia, la voz de los niños, sus brazos, sus ojos, sus labios… Ella: Ismar, el sabor de tus labios aún está en mi boca.

Me quedo mirando el techo, enternecido por todos estos pensamientos; podría quedarme semanas así, alimentado por esta dulce calidez en mi pecho, dejando que mi alma, separada de todos los tormentos que la aprisionaban, viaje por todas las galaxias del universo: vea nacer y morir a todas las estrellas: llegue hasta el punto mismo donde se encuentra Dios y le diga:

Gracias. Todas las penas que he pasado en mi vida las han curado… Sus labios. Tus ojos Ismar.

Pasan diez minutos hasta que empiezo a pensar que sería inútil quedarme acá: voy a llegar temprano: terminar todo el trabajo que tengo que hacer: y luego invitaré a almorzar a Ismar.

De un salto voy de la cama a la ducha, la abro, espero que salga agua tibia; en vano. Sólo hay agua fría… ¿Qué importa? Entro cantando a la ducha y de ahí voy cantando a mi cuarto, a vestirme, a preparme para ir al trabajo, para volverla a ver…

Me doy cuenta que no tengo ticket de metro, menos mal: así tendré unos minutos para reflexionar o leer en la fila.

Entro al tren, casi me sorprendo diciendo buenos días. Noto que varias personas se quedan mirándome: una niña, unas muchachas, una señora, un señor mayor ¿Por qué? Trato de notar que ha cambiado de ayer a hoy, qué hace que no pase desapercibido. Pero no tengo nada nuevo, excepto… Mi sonrisa. La calidez, la alegría que recorre mi rostro. Mi alma está asomada en mis ojos y le sonríe al mundo. Después de miles de años el mundo, al fin, llevó el desarrollo a la cúspide: hay computadores, autos, internet, centros comerciales, constructora sambil, cines, stars wars, zara, ropa de marca, gobiernos, presidentes, bombas nucleares, chocolates, enlatados, fridays, finos licores, empresas, ingenieros, medicinas, metros, aviones, jets, progreso, progreso, progreso… El hombre llevó la vida material a la cima: producción, producción, miles de cosas innecesarias para vivir -de verdad- son arrojadas todos los días afuera: y cientos de publicidades nos hacen pensar que son necesarias. No se puede salir de casa sin un iPod, y en casa no puede faltar un televisor pantalla de plasma con Direct TV, sino, no estás a la moda, eres pobre, eres una persona extraña: no puedes entrar a la sociedad si te hablan de HBO y no mencionas la película que estrenaron esta semana… El mundo material está en el tope ¡Bravo! Matamos miles de especies, árboles, bosques, abrimos huecos en la capa de ozono, tenemos guerras donde perecen personas, niños, donde se destruyen edificios que hombres levantaron con tantas gotas de sudor y se gastan millones de dólares en armamentos mientras hay personas que mueren por no tener un pedazo de pan… ¡Bravo! ¿Qué importa? Mientras no llueva y no se caiga el Direct TV, mientras no falle el aire acondicionado, ¿Qué importa si cada año el calentamiento global se vuelve un problema más y más serio? Las personas no dejan de mirarme porque, después de tanto progreso, la mayoría de los seres humanos se han quedado casi sin alma. Se han vuelto tan frios y secos como la ropa que usan, los autos que manejan y el televisor que tienen en casa. Como si fuera poco, los sentimientos que muestran son acordes a la sociedad: felicitaciones de cumpleaños, matrimonios, aniversarios, etcétera: de ahí no salen. La mayoría de las personas son autómatas: simples partes reemplazables del engranaje del mundo. Estamos en la época del progreso, donde todos nos volvemos máquinas para sacar procesadores más potentes, más empresas, más centros comerciales… ¿Para qué? Pero en el fondo algo humano queda y espero que siempre quede: por eso no dejan de mirarme, esa parte humana es atraída como un imán hacía mí… Esa parte humana busca encontrar el alma que irradian mis ojos. Esta parte de mi alma que tu despertaste, Ismar…

Llego al trabajo, saludo y mis “buenos días” van más allá que un saludo: son un abrazo fraternal que les dejo a mis compañeros. Apenas me siento en mi puesto, tomo el teléfono: llamo a Ismar. ¿Almorzamos juntos hoy? Sí, me dice. Nos ponemos de acuerdo para ir a un restaurante agradable hoy. Me dice que la espere en la mesa. No entiendo porqué no podemos salir juntos del trabajo, y enseguida una sensación de angustia empieza a morder mi pecho. A las doce, llego al restaurante. Ismar llega unos minutos después: está hermosa. Se sienta a mi lado, conversamos, nos damos un beso antes de almorzar, la noto temblorosa, tímida, inquieta: me quiere, pienso. Yo también. Terminamos de almorzar en silencio, apenas arrojándonos unas miradas furtivas y profundas. Ismar se pone cada vez más inquieta, a la vez que noto como la sensación de angustia empieza a avivarse y a devorar mi pecho. De pronto se lleva una servilleta a los labios, la deja caer en la mesa y empieza a contarme apresuradamente que soy una persona increíble, que nunca se había sentido con alguien así, que hubiese deseado que yo llegara antes a su vida, en este momento siento como mi pecho es apretado por una garra y empieza a resquebrajarse y a sangrar…

-Eres increíble -insiste Ismar- y esto va más allá de todo lo que he tenido antes; pero, no podemos seguir juntos. Lo siento, debí decirtelo antes: pero ayer todo pasó tan rápido… Estoy comprometida, no puedo ocultartelo, en unos meses planeamos casarnos, no creo que sienta lo mismo por ti que por mi novio pero, tenemos ya mucho tiempo juntos y me siento estable y no… Esto no puede ser, y no está bien… Lo siento. -Termina por decir… Mientras yo siento como la garra se cierra sobre mi corazón.

Estoy inquieto. Falta poco para las seis. Temo que a Ismar se le olvide nuestra cita. Temo llamarla y que me diga: “Disculpa. Se me pasó por alto, te prometo que nos veremos luego”. Temo salir, y darme cuenta que estoy solo de nuevo, en medio de todo este caos sin sentido… y con un amigo menos en mi lista…

Suena el teléfono… ¡Es ella!

-¿Ismar?
-Buenas tardes, ¿hablo con el departamento de Recursos Humanos?
-No… Esto es informática…

Corto la llamada, y marco el número de ella: el teléfono suena unas cinco veces, sin respuesta… Al fin alguien atiende: en el fondo se siguen escuchando los primeros discos de Pink Floyd: en primer plano, su voz, aún apagada y triste dice:

-Departamento de…
-Soy yo…
-Ah, ¿Cómo estás? ¿Sí? Tampoco estoy nada bien… Espérame abajo en diez minutos.

Cuelgo el teléfono mientras noto que mis manos tiemblan. Me apresuro a bajar, espero en uno de los pasillos que está detrás de la salida, no quiero que Ismar me sorprenda y note como la espero angustiado… De pronto hay una falla eléctrica y las luces se apagan por un segundo.

Syd deja caer la guitarra, y empieza a viajar a la velocidad de la luz por todo el universo de su mente, mientras Waters y sus compañeros sujetan su cuerpo. Es el segundo concierto de la gira que queda interrumpido; los problemas con el LSD y otras drogas impiden a Syd tocar. “Tenemos que hacer algo” piensa Waters mientras toma los hombros de su amigo. Sin embargo, él sabía cuan difícil eran, incluso, pronunciar estas palabras. Syd le había dado no sólo un nuevo nombre y un nuevo horizonte al grupo: había creado grandiosas composiciones: lo hacía desde los dieciseis años. Sus letras y canciones psicodélicas empezaban a lanzar a la banda al espacio. Además Syd era el líder como cantante y guitarrista… Y un gran amigo para Waters. No, no era una situación sencilla… Pero el grupo estaba de por medio y algo había que hacer… Entonces Waters llama a Gilmour, quien se iba a encargar de sustituir a Syd cuando éste no pudiese continuar tocando. Pero la situación seguía siendo muy incómoda y difícil de manejar. Así llega uno de los días más duro en la historia del grupo: Syd Barret debe marcharse, “sin embargo, me gustaría que continuaras como compositor” le dijo Waters. Pero el retiro de Syd fue definitivo. Aún así, con la perdida de su primer compositor, cantante y guitarrista, la banda siguió adelante… Y llegó a ser una de las tres bandas más grandes de la historia.

No obstante, la corta carrera de Syd, su influencia y su presencia siguió siempre en el corazón de Waters, Gilmour y sus compañeros. Fue así como un día Roger se despertó y, en un estudio de grabación, mirando la luna por la ventanilla, exclamó para sus adentros: Wish you were here… Fue así como llegó The Dark Side of the Moon, The Wall, y todos estos discos y canciones que nos recuerdan a un genio, exiliado en su pueblo natal y a la vez habitando los lugares más lejanos de la galaxia, olvidado por todos y viviendo en los corazones de millones de personas a un tiempo…

La luz regresa. Casi al instante puedo ver como Ismar aparece delante de mis ojos, está buscandome, pero no me consigue; así que toma su móvil y me llama… Yo atiendo el teléfono mientras me acerco a ella:

-¿Dónde estás?
-A tu lado -le digo.

Ismar voltea, me abraza, sus dedos aprietan mi espalda de una forma que puedo comprender su dolor y su apoyo. Nos separamos, ella me mira, excruta todo mi ser con su mirada y a la vez me deja que observe todo su mundo a través de sus ojos. Le diría que así no hace falta que digamos palabra alguna, pero… no es necesario decirlo…

Ambos decidimos salir a caminar un poco. Inesperadamente hablamos de pequeñeces de trabajo, de nuestro día cotidiano… Pero ninguno de los dos hace mención al grupo, a nuestro amigo, a nosotros… Como si todo aquello hubiese quedado sobretendido sólo con nuestras miradas… y sus dedos…

-¿Tocas algún instrumento? -Me pregunta de pronto.
-Sí, guitarra. Un poco…

E Ismar empieza a contarme que ella de joven aprendió a tocar guitarra, piano, que hizo teatro, danza, y muchas otras actividades; pero que necesitaba venir a trabajar y no tuvo más remedio que olvidar esas cosas, que añora demasiado aquellos días… Me da las gracias porque me dice que ayer, cuando hablamos, recordó todo aquello… que necesitaba un respiro, que a veces se siente como una extraña aquí… Yo callo, mientras siento como poco a poco voy uniendome a ella.

-Tú también debes de estar muy solo… Por lo que dijo tu compañero, ¿Es verdad que nadie te llama?
-Para que voy a mentirte… -digo sonrojándome- Pero a veces es mejor así…
-No digas tonterías… Bueno, espero que sepas que ya tienes a una persona que va a llamarte -me dice abrazándome… En ese momento tengo tantas ganas de besarla, pero siento que es demasiado pronto, no porque me importe la sociedad, sus preceptos, normas, tiempos y demás necedades; es porque me gustaría estar seguro de que no va a apartarse: puedo resistir que el mundo entero caiga sobre mí y me rompa en mil pedazos: pero no podría soportar que una mujer como ella me rechace…

-De nuevo pensativo, ¿no?
-Sí… No te preocupes, soy así -digo tratando de calmarme para no sonrojarme otra vez
-Ah… Yo soy igual -responde- ¡Mira! Una tienda de música, ¿entramos?

En la tienda hay algunos discos de Pink Floyd, hablamos un poco de ellos… Ismar deja caer algunas lágrimas, yo la abrazo, de nuevo siento ganas de besarla, esta vez no por deseo, sino por ternura. Un beso, es hasta insípido cuando no sentimos nada por la persona que besamos: pero cuando es la persona que amamos, las bocas se vuelven un puente donde las almas de ambos se entregan, se sumergen hasta el principio mismo del universo y luego son llevadas por los ángeles de Dios de nuevo al mundo, donde renacen, y nunca vuelven a ser las mismas. Creo que todas las marcas de ropa y artefactos y todo el dinero del mundo no es nada comparado con esto. Aunque no puedo estar seguro… Nunca he estado con una persona así… Hasta ¿Hoy? Pero, aunque todo me pareciera anunciarme que algo va a pasar, dentro de mí no puedo creerlo, no puedo imaginar la dicha que sentiría entre tus brazos… Ismar… Si sólo…

-¿Salimos?

-Sí… Está bien… -respondo

-De nuevo te vi ensimismado, como si ocultaras algo…

-¿En serio? -contesto conteniendo un suspiro… -En realidad yo…

Un trueno no deja que termine lo que ni siquiera sabía que iba a decir. Empieza a llover. Unos niños que están alrededor se ponen bajo una iglesia que está al cruzar la calle. Ismar y yo los seguimos. Una brisa helada nos golpea, pero a su lado no puedo sentir frío, y pienso que ella siente lo mismo…

Nos ponemos a refugio, los niños juegan cerca de nosotros, yo me quito mi chaqueta y empiezo a secar y a acariciar los brazos de Ismar, ella me mira, e instantáneamente, por primera vez en mi vida, sin pensar, ni meditar hago algo… Sujeto a Ismar del brazo y llevo sus labios a los míos… Ella no opone resistencia: Nos besamos de forma apasionada… Sus labios son tan suaves, tan dulces, tan puros… que siento como mi cuerpo y mi alma se vuelven un sólo átomo y en las manos de Dios viajo hasta el fin de las estrellas, dejando atrás todo recuerdo y todo momento amargo, toda sensación de tristeza… Siento como cada instante de mi vida cobra sentido y… Ismar se aleja… “Esto no está bien“, dice. “No te preocupes”, respondo con dulzura… La abrazo y pasamos un par de horas juntos hasta que llega el momento de despedirnos…

Son las once. El taxi en el que voy me pide permiso para detenerse en una estación de servicio. “Adelante”, le contesto… La luna está llena y las carreteras vacías. Dejo caer mi cabeza y mi mente sobre el asiento. Me siento pleno, lleno… Bueno, no del todo; pienso cuando al fin llego a mi casa.

Las palabras de Ismar, aún se repiten en mi mente, en el momento que voy a quedarme dormido: esto no está bien; pero…

¿Por qué?

¿Cómo te Sientes Hoy?

Autor

Duilio / Venezuela

solo[arroba]otrotiempo.com

Aficiones:
Pink Floyd / Yann Tiersen
Alan Parsons Project
Radiohead / Coldplay / u2
Supertramp / Soda Stereo
Henry Miller / Dostoievski
Camus / Rimbaud / Baudelaire
H. Michaux / Ortega y Gasset
Werther / Rojo y Negro
La Náusea / Hamlet
Por quien doblan las campanas
El Retrato de Dorian Gray
Luna / Atardeceres
Estrellas / Estrellas fugaces
Leer / Escribir / Estudiar
Nadar / Hacer ejercicios
Programar / Diseñar
Guitarra / Ingles / Frances
Almas gemelas / Cosas sublimes...

Cita

"Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía." Simón Bolívar.

Licencia


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons

Temas

Archivos

Buscar

Enlaces

Poemas y literatura

Irrelevancia

Erotismo

Actualidad

Podcasts

Música

Cultura

Humor

Buenos blogs

Suscríbete

RSS FEED

Escríbeme a: