September 2006

You are currently browsing the monthly archive for September 2006.

Tan razonable como representar una prisión de cierto género por otra diferente, es representar algo que existe realmente por algo que no existe. (Daniel de Foe).

-Departamento de Informática. Buenos días. -responde mi compañero del puesto de al lado- ¡Ismar! (es la joven del sistema de nómina) ¿Cómo estás? Muy bien, muchas gracias. ¿Quieres hablar con él? (dice mirándome extrañado) ¡Es la primera vez que alguien lo llama desde que trabaja aquí! -y se rie a carcajadas. Yo me impaciento: no me importa lo que piense mi compañero; pero, que me pase el teléfono ¡ahora mismo! Que querrá Ismar ¿Habrá algún problema con el sistema de nómina? ¿O sólo querrá hablar conmigo?- Sí, de verdad, nadie lo ha llamado desde que trabaja aquí -Le arrojo una mirada de odio a mi compañero- Un momento, ya te lo paso…

Tomo el inalámbrico y lo llevo a mi puesto. Intento poner una voz amable, dulce, que le toque el corazón:

-Buenos días, Ismar. Es una grata sorpresa, dime ¿Cómo estás?
-Hola -responde secamente.

Siento que mi corazón se detiene un momento. Me quedo atónito: intento seguir hablando, pero creo que por el tono de voz que me sale, cualquier cosa que diga es como si preguntara lo mismo: ¿qué pasa?

-Te tengo una mala noticia -dice de forma aún más tétrica y seca.
-Dime -respondo con la voz cortada
-Uno de los integrantes de Pink Floyd… Falleció.
-¿¡QUÉ!? ¿QUIEN?
-Syd Barret… Tengo el alma destrozada… Apenas me enteré me acordé de ti, pensé en llamarte para darte la noticia. Casualmente ayer hablabamos tan tranquilos de ellos…

En este momento un viento que llega del mismo ártico golpea todo mi cuerpo, siento una punzada en mi pecho, y veo como rápidamente desaparecen todas mis fuerzas, al punto que ya no puedo ni pronunciar palabras…

-Gracias por avisarme Ismar, no sé que decir… Lo siento, de verdad -. Le entrego el teléfono a mi compañero de trabajo. Me levanto de mi puesto. Voy al cafetín, al baño, al pasillo… Quiero llorar, salir corriendo ¡Syd! Justo ahora que oigo tus discos, justo ahora cuando no hacen doce horas que la encontré, que pasamos la tarde hablando de ti. ¿Por qué pasa esto cuando aún llevo dentro de mí una pequeña felicidad por encontrarla? ¿Es un obsequio, Syd? ¿Un aliento que nos mandas a ambos para soportar tu partida?

Regreso a mi puesto, no consigo que el dolor que llevo brote de mis ojos: no consigo arrancarlo de mí. Las peores lágrimas son las que somos incapaces de llorar. Las que se quedan dentro de nosotros, golpeando nuestro corazón, gota tras gota: hasta romperlo y hacerlo sangrar; y al final lloramos esas gotas: lloramos lágrimas de sangre, y nuestro corazón roto y seco deja un vacío dentro de nosotros: pero, aún así, el dolor de una u otra forma sigue allá adentro, golpeando el vacío hasta reventarlo y formar un vacío dentro de ese mismo vacío. Golpeando el pecho hasta hacer una herida, que arde y se carcome por la sal de esas lágrimas que nunca logramos sacar de dentro de nosotros. Esas lágrimas que quedaron allí golpeandonos hasta hacer una herida… Una herida que nunca consigue cicatrizar.

Veo el monitor, intento colocar mis manos sobre el teclado: seguir trabajando; hacer como los otros, seguir adelante sin importar lo que pase: como un ejercito que marcha gritando ¡Un, dos! ¡Un, dos! Mientras al lado, caen bombas que destrozan todo, y gente agoniza, mutilada a su alrededor… No, no puedo seguir trabajando así. De buena manera lo hiciera, si hubiese fallecido algún familiar lejano. Pero Syd ¡Syd! Que aún sin conocerlo siento que me acompaño tantos días difíciles; cuando la psicodelia de sus canciones era lo único que me sacaba del mundo real, y me mantenía con vida… Y, aunque parezca ilógico, no era capaz de imaginarme que alguien así también iba a irse algún día…

Miro el teléfono. ¿Cuantos días son políticamente correctos después de conocer a una persona para tener derecho a invitarla a almorzar? A la m… la política, la sociedad y sus reglas. Levanto el teléfono. Marco el número:

-Alo -contesta Ismar con la voz apagada. En el fondo puedo oir una de las primeras canciones de Pink Floyd.
-Soy yo. Estaba pensando si sería bueno que almorzaramos hoy…
-Hoy no puedo salir a almorzar, tengo muchísimo trabajo…
-Ah… -contesto desanimado
-Pero… ¿A que hora sales? Podemos vernos a las 6.

Próximo fragmento en un par de días. Take it easy… No es fácil escribir con todo lo que me ha pasado lately… Pero a la vez me resulta necesario

-Sí… Está bien… No se preocupe… And After all… Yo le envío el informe… Todo en orden… We are only ordinary men… No hay ningún problema, sólo debo comentarle que… It’s not what we would choose…

»Hasta luego… To do

La chica deja el móvil sobre su escritorio. Yo sigo perplejo, mirándola… Con la canción mezclada con su voz, y mis pensamientos… En una mezcla de alegría, confusión y sorpresa tal, que intento concentrarme para estar seguro de que esto no es otro sueño… que no voy a aparecer de nuevo en mi cuarto… que ella no va a desaparecer…

¿Cuantas veces no me ha pasado lo mismo? Después de estar con ella en casa, con la luz baja, mirando la lluvia a través de la ventana, mirando el humo que nace de nuestras tazas de café… Cuantas veces después de estar abrazándola, besándola; en tantos lugares, tantos sitios; cuantas veces después de volar con ella entre mis brazos, sobre los árboles… Cuantas veces después de detenernos a hablar en la terraza de extrañas casas… En montañas… En hermosos restaurantes inexistentes… Cuantas veces no me he despertado solo, con un inmenso vacío en el pecho, desesperado, con el rostro lleno de lágrimas, apretando mi almohada y golpeando mi cama; detestando a mi imaginación por recordarme a una persona que no está conmigo, que tal vez nunca llegue a conocer o simplemente no exista… Cuantas veces?

Y ahora que estoy aquí, con ella enfrente… ¿Por qué una parte de mí intenta encontrar un defecto que me haga pensar que no es ella, que la búsqueda sigue, que podré volver a despertarme en mitad de la noche y golpear mi cama y llorar… y este vacío seguirá formando parte de mí y no tendré que cambiarlo por el brillo de sus ojos? Tanto temo acercarme… Tanto temo decir…

-Eres extraño… De nuevo te has quedado como soñando despierto…

(…Que te he encontrado)

-Disculpa… La música de tu móvil… No es para menos que para soñar…
-¡Ah! -responde sonrojándose un poco -A mis compañeros de trabajo a veces le molesta, cuando dejo mi móvil olvidado, me llaman y suena por más de 5 segundos, empiezan a quejarse…
-Yo no me quejo Pink Floyd es genial… -Y al decir el nombre del grupo, el rostro de la joven se vuelve un reflejo del asombro y la alegría que mostré unos segundos atrás.
-Es increíble -responde después de unos segundos -que en un lugar como éste pueda conseguirme a otra persona que los escuche. -Y dice esto último con un gesto de admiración y respeto, que me hace entender al instante que para ella -como para mí- los Floyd no son sólo otro grupo de música…
-Cierto, ¿no? Yo también pensaba que mi escritorio era el único lugar donde revivían a cada instante David, Waters, Syd…

(No sabía que también vivían en tu móvil… en tu alma… En tu corazón).

-¡Syd! Sobretodo él me encanta, -contesta- las canciones del inicio del grupo. Claro, son muy sicodélicas, no todos pueden entenderlas…

Así pasamos parte de la tarde, cada vez adentrándonos más en la vida de nuestros músicos, de nuestros heroes. De nuestros amigos… Mientras el sistema seguía dándonos la bienvenida y pidiendonos una contraseña…

-Y lo mejor es que todos aún viven -Culminaba ella -No importa que sepamos que nunca volverán a estar los cinco sobre un escenario… Aún cuando no haya esperanza, pero sea posible de alguna forma… Es difícil explicar…
-Al menos sabemos que mientras estamos hablando, ellos están en algún lugar, tal vez pensando en ladrillos, conciertos, canciones, gnomos o unicornios.

Us and them…

-Disculpa un segundo… Tengo un mensaje de mi jefe ¡El sistema! Lo olvidé por completo…
-¡Ah! Enseguida te explico, no te preocupes, es bastante intuitivo y siempre tienes un botón de ayuda que…

Son las 6 de la tarde. Hace quince minutos dejé su oficina. Entre mis manos guardo, como si fuera un tesoro, una tarjeta con su número… Dentro de poco la llamaré, y, en algún lugar de esta capital, volverá a sonar Us and them

6 de la tarde. Sobre las avenidas congestionadas, cantidades impresionantes de smoke, ruidos y gritos son arrojados, como la tos y la flema de un gran criatura enferma; la gente camina sin brillo en la mirada, sin metas, sin sueños: cansadas de este ir y venir sin sentido. En un rincón, un hombre con un delantal deja caer dos bolsas grandes de basura; en la esquina unos policias le piden los documentos a un motociclista; a mi lado una señora de unos 70 años me pide que la ayude: por lo que más quiera. Me detengo a sacar mi cartera, el reflejo del sol, en un charco sucio, golpea mi cara…

Es un día hermoso.

La chica me devuelve la mirada extrañada: al parecer me quedé observándola con más avidez y por más tiempo de lo políticamente correcto. Esta sociedad dicta una serie de reglas, y yo, por estar la mayor parte del tiempo tratando de mirar lo que está por encima, por detrás, por dentro de lo que es, en apariencia, la vida: paso por alto todas esas exigencias; entonces siempre quedo como mal educado, irresponsable, inadaptado, insocial, presumido, y tantos adjetivos que la gente me impone como calcomanias a un paquete.

Así siento que mi vida pasa de unas manos a otras, cada vez acumulando más y más etiquetas; que a veces pegan sobre otras etiquetas: contradiciendose, anulándose unas a otras; y en vez de aligerar el camino, hacen la carga cada vez más pesada. Al final ninguna de estas personas que intentan resumir todo mi ser con una o dos etiquetas, me conoce realmente: a lo sumo entienden una pequeña parte de mí, y a veces hasta en eso se equivocan. No, nadie sabe quien soy del todo…

Excepto ella…

¿Será ella realmente?

Mientras lucho por no sonrojarme, volteo la mirada a donde está mi jefe: éste a su vez observa con desagrado la ropa que llevo puesta: hoy me vestí con lo primero que saltó a la vista cuando me levanté ¿Para qué molestarme? Si todos los días es lo mismo, dije. Y ahora, ¡Cómo desearía estár mejor preparado para esta ocasión! En la vida hay multitud de oportunidades esperando por aparecer a nuestra vista: pero sólo pueden aprovecharlas quienes están preparados, en el momento que éstas llegan. De improviso.

Mi jefe nos presenta. La chica me saluda amablemente (sus dedos son tan dulces). Caminamos a su oficina, despacio y conversando con tranquilidad: mientras, dentro de mí se agita un remolino de pensamientos, que se debaten y se reprochan por bajar la guardia: justo en el momento indicado. ¿Y si ella es sólo otra chica más? Intento justificarme. He estado tanto tiempo esperando este momento y justo cuando parece llegar, trato de persuadirme de que no es así ¿Por qué? El ser humano está tan acostumbrado a la costumbre que aún cuando los cambios que se vislumbran, parecen ser para mejor, nos da miedo dar el salto, salir del círculo, de la cárcel que es nuestras vidas. Preferimos seguir en la comodidad de lo seguro: aunque sea una seguridad mediocre.

¿Es ella? No, tal vez no lo sea…

-Te veo un poco pensativo -dice, suavizando sus palabras con una sonrisa fugaz y sincera

-¿Sí? No, no es nada…

-Esta es mi oficina -dice girando la perilla para entrar: pero la puerta está cerrada.

-Oh, otra vez se me cerró la puerta y no tengo la llave…

-Te pareces a alguien que yo conozco -digo sonriendo

-¿Sí? Imagínate, tantas cosas importantes que uno tiene en mente, que a veces descuida lo más sencillo

(A mí me pasa lo mismo -no logro diferenciar si dije o pensé esto último)

-Espérame un momento -Y vuelve en un par de minutos con la llave de la oficina -Aquí es, pasa -me dice

Nos sentamos. Le pido que escriba la dirección en su navegador para acceder al sistema. Ella la escribe con soltura. El sistema nos da la bienvenida y nos pide la clave. Empiezo a dictarla, un poco cansado por el combate que hace poco se llevo en mi mente, sin que nadie lo notara…

En este momento empieza a sonar el móvil de la joven… El sonido del tono llega poco a poco a mí con la familiaridad y el sentimiento fantasmal de un recuerdo de la infancia: ¡Es una canción de Pink Floyd! ¡Us And Them!

And after all, we are only ordinary men…

Me quedo atónito, apenas puedo creerlo… Pensé que en este edificio, esa canción sólo sonaba en mi escritorio…

-Disculpa, es mi móvil. Dame un segundo, por favor -dice ella

Me and you, God only knows it’s not what we…

-Buenas tardes, director ¿Cómo está? Estoy con el analista en la oficina. Sí, todo va bien… -dice la chica mientras me güiña un ojo. De nuevo noto que estoy observándola con demasiada avidez.

Pero esta vez no puedo apartar mis ojos de su rostro.

¡Al fin! Me tomé unos minutos para escribir… Espero que les guste este capítulo, es un poco extenso, pero lo más probable es que tarde un poco en postear el siguiente, así que tendrán tiempo de leerlo, quienes gusten ;-)

Un abrazo.

Llego de la cama a la ducha de un salto. Graduo el agua en el punto tibio exacto para poder bañarme sin que mi cuerpo se despierte demasiado, y así, medio dormido aún, más bien en piloto automático, salgo del apartamento y voy en procesión con todos mis hermanos asalariados y pequeños empresarios, caminando despacio, amontonados, rítmicamente: rindiendole el primer culto del día al único Dios que todos adoramos y por el cual vivimos actualmente:

El Dinero.

Vivimos para adorar a la Samsung, a los iPod, a la toyota, a Zara, a Hard Rock Cafe… ¡Tengo dinero! ¡Trabajo 8 10 12 horas de lunes a viernes y tengo derecho a darme un lujo! Dice la gente… Sí, los aplaudo ¿Para qué guardar el dinero en un cajón? ¡Vamos! que se te ve muy bien la chaqueta que traes puesta y el dinero es lo de menos… Pero, todas las horas de tu vida que gastaste para poder obtener ese televisor… Horas que pudiste pasar contemplando el mejor canal que tenemos: la vida. ¿De verdad valen la pena? Si viniese un ser sobrenatural y te dijera: entrégame 72 mil horas de tu vida (unos 20 años de trabajo) y te daré un mercedes ¿lo harías? Pero todos hacemos exactamente lo mismo: entregamos con afán nuestras energias, cuerpos, almas, hasta nuestras ideas y sobretodo… nuestros sueños. Para estar detrás de un trabajo porque “hay que ganarse la vida”, pero al final terminamos dando nuestro trabajo / dinero / tiempo que era tan necesario gastar a la empresa con el anuncio publicitario más elegante y llamativo… Si fuese que de verdad necesitáramos ganarnos la vida…

¡Si en vez de tantos centros comerciales con tiendas y artículos tan bonitos… Si en vez de tantos restaurantes elegantes y tantos autos de lujo: de verdad cada persona tuviese lo esencial y necesario para vivir, cosas tan simples como una vivienda! ¡Si todo este movimiento trayera consigo, realmente, el progreso del planeta y no su propia destrucción! ¡Con cuanta alegría me despertaría yo cada mañana y entregaría mi vida al trabajo!

Llego a mi departamento, mi jefe no está en su oficina; así que me voy a mi puesto.

Me alegra ver a mis compañeros de trabajo, no sé… con tanta soledad a mi alrededor, valoro como nunca unos cuantos rostros conocidos… Sin embargo, mis buenos días no suenan verdaderamente como buenos días. Saludo y parece que dijera auxilio. ¡Pero no! Dejar de pensar en esas cosas. Hoy es 15. Iré a comprarme un suéter en Pull and Bear para salir este fin de semana.

Enciendo mi computador, y la poca voz que le queda a mis pensamientos la callo colocando Pink Floyd en mi reproductor de sonido. La callo no; más bien la hago fluir a través de la música, rítmicamente… Syd, Gilmour, Waters: ellos son mis verdaderos padres, mis verdaderos amigos… Las personas que siento que más me entienden: así vivan como en otras épocas, a millones de kilómetros de mí; ellos, extranjeros de mi nación: son mis paisanos. Y esta música a veces me parece que me es tan vital para sobrevivir, como el oxígeno y el suero que le colocan a un paciente en coma…

Trabajar por fuera, dejar que la música alimente mi alma…

Soñar…

¡¡¡PIIIIIIIIIIIIIIIIII!!! ¡¡¡PIIIIIIIIIIIIIIIIII!!! ¡¡¡PIII…

-Departamento de Informática. Buenos días.
-Ven a mi oficina -responde mi jefe- hoy va a venir la persona que usará el nuevo sistema de nómina. Tú estarás encargado de proporcionarle el adiestramiento necesario.

¡Que bien! ¡Y ahora a quien me tocará atender! ¡Seguro que es una señora de unos 70 años, insoportable, que no sabe nada de computación y me tocará enseñarla hasta a manejar el mouse! ¡O un señor de esos que critícan hasta el tipo de letra que se usó para desarrollar el sistema! Nuestra vida dista demasiado de lo que, en el fondo, todos deseamos ¡Y de paso! Cuando se sale de la rutina, casi siempre es por un evento desafortunado…

Así camino hacia la oficina de mi jefe, distraído por mis pensamientos, y, justo cuando voy a entrar… me percato que está una chica a mi lado, en el marco de la puerta, disminuyo la velocidad de mis pasos, levanto la mirada. La miro:

Su cabello negro, corto, desordenado; sus ojos que parece que miraran a otro universo y no a éste; su vestimenta bohemia; y su rostro, que, parece esconder una profunda tristeza y, a su vez, refleja la mejor disposición ante el mundo y sus acontecimientos…

La miro con detenimiento:

¡Es la chica que estaba en la feria de comida!

De vuelta

Después de unos días de ausencia por consecuencia del trabajo; regreso por aquí y con nuevo hosting.

Otro Tiempo estará ahora alojado en (mt) mediatemple™; con esto la página debería ser más rápida y por ende más cómoda de navegar.

Trataré de escribir el siguiente capítulo de El Extranjero para este fin de semana.

Un abrazo.

¿Cómo te Sientes Hoy?

Autor

Duilio / Venezuela

solo[arroba]otrotiempo.com

Aficiones:
Pink Floyd / Yann Tiersen
Alan Parsons Project
Radiohead / Coldplay / u2
Supertramp / Soda Stereo
Henry Miller / Dostoievski
Camus / Rimbaud / Baudelaire
H. Michaux / Ortega y Gasset
Werther / Rojo y Negro
La Náusea / Hamlet
Por quien doblan las campanas
El Retrato de Dorian Gray
Luna / Atardeceres
Estrellas / Estrellas fugaces
Leer / Escribir / Estudiar
Nadar / Hacer ejercicios
Programar / Diseñar
Guitarra / Ingles / Frances
Almas gemelas / Cosas sublimes...

Cita

"Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía." Simón Bolívar.

Licencia


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons

Temas

Archivos

Buscar

Enlaces

Poemas y literatura

Irrelevancia

Erotismo

Actualidad

Podcasts

Música

Cultura

Humor

Buenos blogs

Suscríbete

RSS FEED

Escríbeme a: