Ti – ti – ti – ti – ti
…
Tin, tin, tin, tin, tin
…
¡TIN! ¡TIN! ¡TIN! ¡TIN! ¡TIN!
Doy un salto de la cama. Alcanzo a asestarle un golpe al despertador que cae al suelo. Las baterías ruedan por mi habitación.
Es lunes. Mis pensamientos que apenas se despiertan, me pronostican, desde ya, una semana igual a la anterior e igual a la que viene.
Ayer me acosté a las ocho de la noche. He dormido más de 10 horas y me siento tan pesado y cansado como si acabara de acostarme; ya no se trata de cuan temprano me acueste: se trata de que no me motiva levantarme de la cama.
—
Me levanto, voy al baño, me afeito, cepillo mis dientes, tomo una ducha, me visto; tomo mi cartera, las llaves, un ticket para el metro (aquí es donde noto que, es lunes, no tengo ticket y empiezo a resignarme por la cola que me espera). Tomo unas monedas para comprar el ticket, salgo del apartamento, llamo el ascensor, entro, salgo del edificio, camino hacia la estación La Rutina, entro al metro, hago la cola para comprar el ticket, luego para entrar al sistema, luego para esperar el tren, luego espero llegar a la estación Otro día de Trabajo, me bajo del tren, salgo del metro, camino al trabajo, compro algo de comer en el sitio de enfrente, miro el reloj: voy 5 minutos tarde: la vida de los asalariados vale 5 minutos: la gente se empuja, corre, grita, no les importa, incluso, si les toca llevarse a un anciano por delante: con tal de no llegar 5 minutos tarde al trabajo: de quedar bien con el jefe. Sueñan con un aumento en sus pobres salarios. Pero el jefe se da cuenta de que el empleado existe, es precisamente cuando llega 5 minutos tarde al trabajo: y en vez de aumento, se gana una sanción.
Llego a mi trabajo, llamo el ascensor, espero el ascensor, subo al ascensor, me bajo del ascensor… Llego a mi puesto, paso allí 4 horas tratando de hacer mis actividades lo mejor posible y de crear, siempre crear… Pero en el fondo, creo que podría estar mejor en otra parte… Quien sabe… Dejo a mi mente soñar un rato. ¿Vas a almorzar con nosotros?, me preguntan mis compañeros. No, hoy no. Y voy a comer solo a algún restaurante, y a soñar…
Soñar… Es lo único que a veces nos queda… Por eso sueño…
Llego al restaurante; no hay asientos, está ella, allí, sentada, sola; como si estuviera esperándome. Yo camino hacia ella… Ella ve el libro que llevo bajo mi brazo, ve mi mirada inquieta, ve mi franelilla con la bandera de Francia… Ve… ¿Qué importa? Me ve a mí… Me llama… Es hermosa:
-¿Quieres sentarte conmigo? –Me dice…
Sueño…
Es mejor así, soñar… Son las 12.
No. Son las 6. Estoy soñando…
Me despierto.
Miro el reloj en mi celular. Debo apresurarme si quiero llegar temprano hoy…
Pero, ¿Para qué despertarme si ya se que es lo que va a pasar hoy? ¿Si ya, acostado en mi cama, se todo lo que va a pasar en todo el día?
Me gustaría quedarme aquí, acostado, soñando con ella… Ella que, por supuesto, no llegará. Ya han pasado 2 semanas desde aquella vez que esperaba encontrarla…Y ya no espero nada.
Ya no la espero a ella…
Sólo en sueños…
Soñar. No hay tiempo de soñar. Debo irme al trabajo.
Y, cuando estoy por quedarme dormido, otra vez: suena mi teléfono:
-Buenos días. Te espero hoy a primera hora en mi oficina.
¿Y ahora qué?