Ya llevo 5 meses en Caracas. Me han pasado muchísimas cosas. He conocido a millones de personas: y no me refiero a las personas que todos los días se le cruzan a uno, y con quienes, cuando mucho, compartes un tropiezo y un: “permiso” “muevanse, por favor”: no. Me refiero a las personas con las que he tratado, compartido semanas enteras: millones. Sí. Porque en este mundo cuando conoces a 1 persona estás conociendo a un cien mil personas; y cuando conoces a cien mil personas, puede que sólo conozcas a 1. Porque cada día que pasa todos nos parecemos más entre sí. Todos tendemos a ser iguales. Oímos la misma música que las disqueras -y a veces el vendedor de la esquina- quieren que escuchemos, leemos los mismos libros que todos leemos. ¿Por qué me cuesta tanto conseguir un libro de Rimbaud en librerias donde hay estantes completos de Danielle Stell, Paulo Coehlo, Dan Brown? Y la mayoría de las personas, los “profesionales”, quienes deberíamos cambiar el mundo, estamos sentados en una silla mirando el reloj, esperándo que llegue el quince y el último para cobrar, y poder sobrevivir hasta el próximo quince o último, y así hasta que nos jubilen, para darnos cuenta que desperdiciamos toda nuestra vida, para que al final tengamos que luchar hasta para que nos paguen incluso el dinero que nos deben… porque la vida nadie nos la va a devolver, en tal caso…
Porque si al menos trabajaramos pensando en ser mejores cada día, en ser como una estrella que explota para darle luz a toda una galaxia, si pensáramos en dar todo de nosotros y no esperar en una silla, quejándonos de lo mal que anda todo, en vez de salir al mundo y ver qué podemos hacer nosotros para cambiarlo o, al menos, cambiar nuestra propia vida…
Pero es más fácil quejarse, quedarse en casa viendo las noticias en la TV, ir a emborracharse hasta ser incapaz de pensar en lo mal que anda todo, en lo mal que andamos nosotros mismos…
Entonces yo tomo mi pluma, pienso en escribir… pero me detengo.
Porque también es más fácil atropellar a quien se atreve a decir las cosas tal cual como son, que analizar lo que dice: pero en el fondo de nuestros corazones, todos conocemos la verdad por más que la neguemos. Todos somos inteligentísimos por más que nos hagamos los tontos. Todos somos santos por más que asesinemos. Todos tenemos una voz diciendo !hey, despierta! ¡mírame! por más dormidos que nos hagamos…
Y claro, duele que venga alguien a sacarte ese fondo insobornable ¡Con tanto que cuesta (miles de años) para hacerlo callar!
¡Con todo lo que le ha costado, incluso, a miles de personas, para hacerlo callar!: inventaron tantos vicios, tanta música absurda, inventaron los autos último modelo, los centros comerciales, contaminaron el ambiente, mataron a miles de personas, todo para hacerlo callar…
Y viene uno… una sola persona: ¡cómo se atreve!
Entonces pienso en escribir… pero pienso en todas las consecuencias de atreverse a ser sincero, y me detengo. Prefiero no decir nada.