El lunes 17 de octubre, tuve la oportunidad de sembrar el siguiente post en El País de Sikanda. Gracias a Sika, la autora, por haberme dado ese gran honor-invitación. Ahora les dejó ese mismo post, aquí también:
Tiempo para un poema
Si yo tuviese una estación de radio o un canal de televisión pasaría horas y horas todos los días, hasta la madrugada si fuera necesario, buscando noticias optimistas y alegres que transmitir a la siguiente mañana.
Si yo tuviese que levantarme muy temprano cada mañana: en vez de encender el televisor o el radio, saldría al jardín de mi casa o abriría las ventanas de mi apartamento y me deleitaría con los hermosos amaneceres y el concierto de las aves, y respiraría un poco de aire puro antes de la hora del smoke.
Las gentes gastan miles de horas, su salud y su vida para ganar algo que llaman dinero. Luego gastan gran parte de ese dinero para comprar cuadros y asistir a conciertos. Pero no tienen idea de que cada día desperdician verdaderas obras de artes pintadas a través de todo el cielo; y no se dan cuenta de que si bajaran el volumen de sus aparatos transmisores de desgracias escucharían un sublime coro cantando cada mañana sin pedir un centavo.
Las gentes mal-gastan toda su vida así.
Un día cuando ya es demasiado tarde abren los ojos y se enteran de que todo aquello que llamaban progreso-bienestar fue una mentira, la ruina de sus vidas y del planeta; y como aquel Ivan Ilich piensan que la vida les ha jugado una mala pasada pero no encuentran a quien, sinceramente, culpar.
Y aun cuando pienso todo esto, viendo a las personas caminar con prisa, observando como el agua de mi café vuela al cielo, libro de Henri Michaux en mano y mirada de soñador: un señor-corbata-apretada pasa y me dice con sus ojos despectivos que ahora no queda tiempo para sueños ni para poemas; pero le contesto a media voz que si las personas se tomaran tiempo para la poesía, para los amaneceres y las rosas: el mundo no estaría de esta forma.