Relatos

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Me aparté poco a poco hacia atrás y ella -que se dejaba abrazar y llevar de espaldas a mí- fue cayendo suavemente sobre las
olas, pasando de un semi sueño a dormitar completamente, flotando de cara al sol, solamente guiada por mis brazos. Pero no soporté la tentación y me tendí a su lado, de forma que quedamos los dos de cara al sol, flotando en la inmensidad, tomados de la mano. ¿Parecería ridículo para las otras personas? Mi mente apenas era capaz de preguntarse eso, pero, sin molestarme más, solamente decidí oir el latido de mi corazón, y de las olas…

Minutos después sentí que tropezabamos con algo: cuando me levanté y abrí los ojos me turbé: era cierto; una pareja de un señor y una señora de unos 50 años, se sonreían, mientras nosotros quedábamos apenados y algo aturdidos. Pedí disculpas de la forma más candorosa que pude, y, nadando, nos alejamos un par de metros. La pareja nos seguía con la vista, mientras continuaban sonriendo.

¿Simpáticos, eh? Alcancé a decirle a ella. “Se ven bien” contestó con la voz apagada de quien se acaba de despertar de un corto pero placentero sueño, mientras miraba de reojo a la pareja, que, hablando abrazados, muy de cerca, ya habían hecho a un lado el resto del mundo, otra vez.

“Seguro estarán diciendo ahora: ¿recuerdas cuando nos conocimos?” Dijo ella. Yo reí entre dientes, algo me incomodoba de esa afirmación… Pensaba que entre ellos había algo más que simples recuerdos… Es que se veían tan felices, tan jóvenes… Como si el tiempo no hubiese hecho mella en su amor…

Decidí voltearme nuevamente y entonces los vi devorarse con un profundo beso…

Abono

Salvador Dali Swans Reflecting Elephants

Un día un escritor se levanta con los oídos tapados. Le duelen. Grita. No puede oírse ni siquiera a sí mismo. El escritor, consternado, va al baño, intenta con hisopos, algodón, palillos, dobla un clip y lo mete en su oreja: le da y le da: sale sangre, pus, cera, hasta que al fin: ¡Vaya! Palabras, un montoncito de palabras que estaban atascadas en su oído. Eso era, dice aliviado, notando que ya oye nuevamente. El descuidado escritor entonces se sacude las palabras que quedaron en su mano y las deja caer sobre la tierra. La tierra las absorbe. De esa tierra nacen plantas carnívoras, pestes, enfermedades, terremotos, rabia, vergüenza, odio, resentimiento; los ríos se hacen espesos espejos donde todos aquellos que se ven reflejados, mueren de desdicha… y todo esto sólo porque un día un escritor se despertó con algo de cera en sus oídos…

Esperaba el tren en el metro. Otro día de semana terminado.

Decenas de personas pasaban a mi alrededor o llegaban. También cansadas.

Otro día de semana terminado.

Sus rostros decaídos reflejaban que sus vidas eran parecidas a la mía y a las suyas entre sí.

Sin embargo cada uno parecía confinado a su pequeña vida, a sus pequeños problemas.

Todos solos, aislados, sin poder hacer nada para acercarnos verdaderamente a los otros.

Hablo de contactos mágicos, verdaderos. No superficiales

Una forma… no de saber que nos comunicamos, sino de “sentirlo”: que todos somos hermanos, metidos en el mismo bote metro.

Pero justo cuando pensaba que no, que era imposible, un silbido interrumpió mi pensamiento: empezó a sonar aquella canción… Wind of change,

y, de pronto, como si lo hubiéramos planeado, todos empezamos a silbar.


Relato aislado, sin pretensiones ni correcciones. Sigo ocupado con el trabajo; pero hoy taciturno y lleno de recuerdos, quise dejar algunos por acá… Aunque al final lo que uno piensa difiere tanto de lo que termina siendo plasmado… ¿Por qué?

Quito la cortina. Observo. Un tercer piso es suficientemente alto para ver gran parte de mi ciudad natal. Taciturno observo algunos sucios y viejos tejados o techos de zinc sostenidos por piedras y bloques. Imagino las vidas tristes de quienes habitan esas casas. Cada casa una historia. O muchas.

La siento apretarse contra mí, sus pezones, aún erectos, rozan mi espalda. Pero aunque tenga a una mujer joven, desnuda, hermosa, detrás de mí, en mi presente, no puedo apartarme de este pasado que me arrastra como una canción hipnótica… llamada nostalgia.

Me besa el cuello, y luego se queda mirando por la ventanilla. «¿Dónde vives?» «Mi casa queda a unas cuatro cuadras hacia la derecha. La casa de mis abuelos, quiero decir. Pero ahora estaba pensando en mi infancia, quería mostrarte el edificio de ladrillos donde vivía entonces, creo que está por esta avenida… o tal vez por esta otra… Ah, ahí está la torre de la iglesia ¿La ves?» Me aparto, ella se esconde tras la cortina a la vez que la rueda un poco, para ver mejor. «Es bonita» «Sí», le digo, mientras yo también me quedo mirándola. Lo que ella no sabe es que este pueblo también es extraño para mí. Me concentro con todas mis fuerzas y apenas puedo verme regresar por esas calles, del colegio a mi casa, con el pesado morral lastimándome los hombros y el sol quemándome la cara.

«Cuanto detesté mi infancia… y mi adolescencia». «¿Por qué?» «Tal vez por todos los problemas con mis padres. Tal vez por la futilidad de lo que aprendíamos en clase». Terminé la frase con la boca cerrada: Tal vez porque, aunque en ese entonces no lo comprendía, no tenía a mi lado a nadie que encajara en el pequeño mundo que tejía… ni aún lo tengo.

Sin embargo en aquel entonces me creía mucho más débil que ahora: la crisálida del gusano de seda que anhela su gloriosa metamorfosis aparenta ser más insignificante que los gusanos que trepan palos y muros, arrastrándose, orgullosos…

Y estaba ella… Yo que me quejo de no haber tenido nunca un gran amor en mi infancia, aún la tengo a ella, entre todos los recuerdos de más de quince años que ahora no alcanzarían a llenar un día completo, si pudiera unirlos a todos…

Estaba también mi padre, el padre al que amaba y apreciaba con todas mis fuerzas, cuando no lo conocía realmente…

¿Y de qué me sirve saber ahora como es realmente si eso me hace infeliz?

«Cuando eramos niños veíamos el mundo inmenso y cada rincón, cada casa, cada calle o ciudad, como un escenario magnífico donde sucedían grandes aventuras. Ahora todos los sitios dan igual. Lo que no sabíamos entonces es que la única aventura posible es hacia dentro, y el hombre que ansió revelar todos los misterios, mató todas las aventuras posibles, y ahora está enterrado, bajo todos sus conocimientos, decepciones y desilusiones. Ahora no importa irse a Francia, España, Alemania, �frica, Estados Unidos, México, Canadá, Argentina, Japón, Australia, Tikbuktu: ahora no existe un lugar más grande y más interesante que las calles de la infancia del pequeño pueblo natal… Pero tampoco sirve de nada pisarlas o mirarlas: así tengas la dirección exacta: calle tal entre avenidas tal y cual ¿De qué sirve? intentar revivir todo aquello, es algo tan tonto como pretender lastimar el agua con un golpe.

Y aún así el niño entregó todo para hacerse hombre, y ahora el hombre que taciturno desearía recuperar al menos parte de toda aquella infancia perdida, sabe que no sirve de nada intentar golpear el agua…

Un hombre decidió ir al mercado con su hijo de doce años. Se montaron los dos en su mula y emprendieron la marcha. Al rato, las personas que se encontraron en el camino, empezaron a murmurar y a decir:

-¡Qué abusadores! No tienen la menor consideración con el pobre animal. Lo van a reventar de cansancio. ¡Cómo se les ocurre ir ambos montados en la mula!

Al oír estas críticas, el padre decidió proseguir el viaje a pie y se bajó de la mula. Pronto, sin embargo, escucharon las nuevas críticas de los que topaban en su marcha:

-Los jóvenes de hoy han perdido todo respeto y educación. ¡Habráse visto: ese muchacho en la flor de la vida montado en la mula y el pobre padre caminando!

El muchacho se bajó de la mula y el padre se montó en ella para de este modo continuar el camino. Una vez más, enseguida pudieron escuchar las murmuraciones:

-¡Qué hombre tan desconsiderado!: Bien tranquilazo en la mula y el pobre muchacho a pie. Mira que hay hombres desalmados…. Consideran y tratan a sus propios hijos como esclavos.

Entonces el padre le dijo a su hijo:

-Sólo nos falta que ambos carguemos a la mula y estoy seguro que también se burlarían de nosotros. Montemos los dos en la bestia , que es lo que pienso más conveniente, y que los demás digan y piensen lo que quieran.

(Versión libre de la fábula de Lafontaine)

***

eMe invitó a Otro Tiempo a su espacio “Blogonimia“. Pueden leer la reseña que les envié acá. También les recomiendo leer la reseña de Daniel de Escribir es Vivir, muy buena. Saludos a eMe, los felicito por su interesante sección / iniciativa.

Reitero mi apoyo a algunos de los blogguers expulsados del concurso, entre ellos a Alba y Alvaro de Nos gusta el agua. Si quieres pedir que sea anulada su expulsión, puedes hacerlo acá. Chicos, estoy seguro que la semana que viene volvereís al concurso.

Mil disculpas a mis lectores habituales por tomarme tanto tiempo con el asunto del concurso. La semana que viene volveré a publicar “as usual”.

Si no te gusta este sitio o quieres conocer otros blogs, te invito a visitar: Café Humanista, Sabio Blanco.

Vótame en los premios 20blogs (sólo si tienes un blog concursando).

Saludos a todos, espero que pasen un excelente fin de semana.

Caía la tarde. Veníamos cansados de la playa, y yo estaba irritado hasta más no poder: después de casi una hora esperando en el snack-bar, aún no me entregaban mi pedido. En todas partes lo mismo: mal servicio; no importa si te encuentras en el hotel más lujoso de toda la zona y te gastaste toda la quincena para pasar un fin de semana en él. ¿Por qué? Porque en todas partes pasa lo mismo: a los empleados los explotan mientras los dueños (gordos y calvos señores de traje y corbata), se hacen cada vez más ricos. Por alguna razón ellos piensan que sólo ellos tienen derecho a acumular dinero y a salir adelante: los demás que se conformen. Así que el empleado, de todas partes, piensa lo mismo ¿Para qué esforzarse si nadie me recompensa? ¿De qué me sirve tener un cuadro que diga que soy el mejor empleado del mes cuando -cada mes- apenas puedo pagar el alquiler y la comida? Y así, mientras los empleados se quejan en silencio, los pedidos se acumulan, la calidad de los servicios bajan y todos se quejan. Pero todo sigue siempre igual.

Cruzábamos el área de la piscina para llegar al hotel. Una señorita vestida de forma muy elegante nos seguía con la mirada risueña y obsequiándonos una sonrisa en sus labios: no podría tratarse de otra cosa: una vendedora.

Así que, muriendo de hambre y todo, nos tocó detenernos: la vendedora se presentó y nos dio la bienvenida de parte del hotel, saludó muy cordialmente a mis padres y dio muestras de un cariño -bastante fingido, por cierto- a mi hermana.

A mí apenas me miró: para ella yo era sólo un adolescente sin tarjeta de crédito ni entradas monetarias: nadie importante.

Nos preguntó cómo lo estábamos pasando, y cuando le expliqué lo del snack bar, salió corriendo a “solucionar el problema”, sin antes, por supuesto, pasar unos cinco minutos soltándonos mil disculpas y contándonos que esto nunca pasa aquí.

La vendedora regresó, pero pasó una media hora y el pedido nada que llegaba. ¿Quien se creía esta empleaducha para venir a mandarnos a nosotros?. Pensaban los mesoneros.

Luego el mismo cuento de siempre: ¿Qué hace el señor? ¿Qué hace la señora? ¿Y sus hijos? (esta última pregunta por hipocresía cortesía). Cuando mi mamá le explicó el rollo de que yo desarrollaba aplicaciones para empresas en Caracas, la vendedora al fin reparó en mí, y muy sonriente me preguntó: ¿Sí? ¿Y cómo te va? Mi mamá me miraba asustada: sabía que en cualquier momento iba a armar un espectáculo y decirle cuatro cosas a la vendedora. Pero no, yo sólo me preguntaba cuándo iba a llegar mi cena.

Así que, la señorita se tomó su tiempo para soltar todo el cuento de que ibamos a tener vacaciones garantizadas durante los próximos 2000 años y que podríamos venir 74 personas a pasar tranquilos el fin de semana… Pero si nosotros sólo somos una familia pequeña. Naturalmente, pero no se preocupe; usted puede invitar a quien desee… e incluso revender estos cupos vacacionales para así obtener ingresos extra… Pero si nosotros sólo queremos salir de vacaciones para olvidarnos del trabajo. Claro, claro… Tiene usted la razón… Tenemos otros planes: sólo díganos cuánto y cómo desea usted hacer el contrato y nosotros le proponemos un plan ajustado a sus necesidades… Mis padres se preguntaban cuándo ellos habían dicho que comprarían el resort. ¿No les gustaba a ellos ir a un sitio diferente siempre y no atarse al mismo lugar? Pero señores, ustedes pueden cambiar estos cupos con otros hoteles asociados a la cadena de…

“Asociados” haciendo todo lo que está al alcance para convertir hasta las mismas vacaciones en un negocio redondo… como todo lo demás…

En ese momento me puse a pensar: ¿Por qué todo este comercio sin sentido? ¿No había algo mejor que hacer? ¿No había un hermoso mundo para contemplar y quedarse sentado y contento?

Y entre esos pensamientos, saqué la cámara y tomé esta foto:

La vendedora empezó a hablar de lo mucho que a ella le gustaba la fotografía… Incluso, había un plan donde nos obsequiarían una cámara de 35 gigapíxeles: usted sólo tiene que firmar aquí.

…………………………………………………………………………….

En el próximo post, continuaré con la historia anterior.

Si quieres la fotografía de arriba ampliada, haz clic aquí

Si concursas en 20minutos: ¡Vótame!

Un saludo a todos. Espero que tengan buenas tardes / noches.

Hoy 2 de noviembre de 2006, este blog cumple 2 años. Quise obsequiarles un relato contándoles cómo empecé a escribir. Tal vez este texto sea la introducción a una nueva historia. Quien sabe.

Además, quiero dedicar este post a todas las personas que, para bien o para mal, me rodearon o formaron parte de mi vida, hasta el momento que plasmé mis primeras palabras… También quiero dedicarle el post al excelente y eficiente servicio de energía eléctrica de San Juan de los Morros: Sin ustedes tal vez nunca habría empezado a usar mi libreta: Gracias.

La pantalla se apagó de pronto. Me quedé sin saber qué hacer. Le di un golpe a la mesa y me levanté con fuerza, porque me di cuenta que no había guardado nada de lo que había hecho en casi dos horas. Tenía toda la tarde programando: no tenía trabajos, ni exámenes: pero era una forma de pasar el tiempo, ordenando algunos códigos mientras mi vida permanecía en desorden. Nada nuevo: a fin de cuentas, todos buscamos una manera de llenar cada rincón de nuestro espacio; que no quede ni un agujero por donde poder ver lo que significa la vida. La realidad del ser humano es muy dura; y aparte, todos los días nosotros trabajamos para hacerla aún peor: Dentro, cada uno de nosotros, guarda el dolor de una familia rota, un amor imposible, la perdida de un amigo, una enfermedad que atacó en algún momento… o tal vez esas también sean sólo excusas para excusarnos y no enfrentarnos a la vida…

Por esto volteamos la mirada con rapidez, cuando vemos un anciano o un inválido sonreír: nos hacen quedar en ridículo con todos nuestros problemas y nimiedades.

Como decía, ahí estaba: sólo; sin novia; sin familia; sin dinero; sin nada que hacer; sin luz; mis padres estaban molestos conmigo, no recuerdo porqué; mis mejores amigas, también. Tenía otros compañeros, pero aún cuando no entendía el porqué: sabía que no podía hablar con ellos: mis más grandes sufrimientos, goces, sueños o decepciones… el gran vacío que llevo en mi corazón, las inmensas alas invisibles que nacen de mi espalda: simplemente eran incomprensibles para ellos. Para mis amigas también, pero al menos la gracia y la inocente sencillez o coquetería de la mujer, causa el mismo efecto en hombres como yo, que un corderito al lado de un potro salvaje…

Les escribí. Podemos vernos. Estamos ocupadas ahora. Respondieron.

Así que me rendí, suspiré y bajé la cabeza: ahí estaba el vacío: tan imponente como si Dios me hubiese arrojado en medio del universo inerte y negro: pero sin que éste terminara de absorberme o matarme: simplemente seguiría vagando allí: por casi un siglo.

Sin nada a lo que asirme, no me quedó otro remedio que aprender a contemplar. ¿Quien sabe, en esta vida, realmente, contemplar? ¿Quien aparte del poeta, sabe contemplar? ¿Quien sabe realmente qué es una HUMMER? ¿Quien puede ver que es menos que nada, comparada con un ser humano o con la inmensidad del mundo o el universo que nos rodea? ¿Quien sabe hacer algo más que aprenderse los nombres de decenas de marcas, y alabarlas como si fueran Dioses?

Así que, me asomé a la ventana. Contemple. También me asomé un poco dentro de mí. Contemple. Vi tantas cosas: ¿Cómo plasmarlas? ¿Con qué actividad podría intentar aprehender todo esto a mi alrededor? La luz eléctrica volvió, pero yo la ignoré. Estaba descubriendo algo muchísimo más grande que lo que todos llaman progreso

Aún me llevó muchísimo tiempo hasta que mi mano tomara un lápiz y se decidiera a escribir. Hace años había dejado el ajedrez por considerar que la vida era más grande que 64 casillas. Ahora dejaba a un lado el computador. Empecé a garabatear un diario: empecé a vivir mirando constantemente alrededor y a las personas, tratando de levantar piedras y descubrir qué se escondía debajo del teatro que el hombre pretende llamar vida: cada día soñando con que llegara la noche para sentarme a escribir, cada noche soñando con que llegara el día para vivir cosas nuevas. ¿Qué importa no tener ni dinero, ni amigos, ni novia, ni nada, cuando sabes y sientes qué significa estar vivo?

Pasó el tiempo. Un día mis amigas me escribieron, preguntándome que qué hacía. No respondí. Tiempo después pagué de forma muy dura el haberme aislado tanto. Me creí demasiado fuerte y abusé de la soledad. Me tocó sufrir mucho por ello. Pero aún así no me arrepiento. No sabré decir si será lo mismo con el sexo femenino; pero, un hombre sólo puede aprender y volverse hombre estando solo, enfrentándose a la soledad y a todos los demonios que aparecen con ella…

El 2 de noviembre y con mucho esfuerzo empecé a publicar mis primeros relatos y poemas. Poco a poco voy mejorando, lo sé, lo siento… Espero con gran esperanza el día que, entre mis manos, tenga mi primera obra publicada. Tal vez en ese momento vuelva a encontrarme sin compañía, sin cosas materiales… puede que también sin esperanzas… Pero en el fondo sabré que, el esfuerzo no habrá sido en vano…

Hace unos meses atrás Artdyl me preguntó en un comentario si yo escribía de la misma forma cuando empecé con el blog. No lo sé… Pero acá les dejo un post (apenas editado) para que juzguen por ustedes mismos. Escrito el 14 de Enero de 2005 (hace justamente un año…)

(Sí… Ya se que hoy es 16 y no 14… Pero no sean aguafiestas…)

Medianoche. Tendido en la cama trato de descansar para trabajar mañana. Aunque mi cuerpo está exhausto mi mente no se decide a dormirse. Entiendo porqué. Todo lo que se observa, escucha, lee, hace, dice, percibe durante el día; todas estas personas y cosas en este mundo a nuestro alrededor y las que están lejos; todo este agitado mundo en el cual se sumerge y luego le pedimos tan de prisa que se resigne a quedar sobre una cama, encerrada en 4 paredes oscuras, sin importar que pasó en el día.

12:30 p.m. Me levanto, enciendo el TV, pasan una película: “lo que quieren las mujeres�, ¡Llegué justo al estreno! Cambio de canal: hay un hombre crucificado con un gorro navideño y unos cuervos sobre la cruz, delante de él Kurt Cobain canta:

Hey! Wait! I’ve got a new complaint. Forever in debt to your priceless advice

Apago el TV. Voy a la biblioteca, reviso entre los libros sin encontrar nada para leer. Miro el estante con los portarretratos familiares, -no estoy tan desesperado como para ver un álbum de fotos –. Regreso al cuarto, me acuesto, cierro los ojos. No dejo de pensar “¿Cuándo aprenderé frances?â€?, “¿Cómo me irá en la entrevista mañana?â€?, “¿Podré ver a M.G.?â€?, “Necesito dormirâ€?, “quizás contar ovejas me ayude a no pensar: Lo intentaréâ€?, “Una oveja, 2 ovejas, 2 ovejas y un teclado saltando una vallaâ€?. “¡Por Dios! Así no se puedeâ€?, “Por cierto ¿será que la oveja del principito, al fin, se habrá comido o no la flor?â€?… Esto no terminará nunca…

Dos primos enamorados cuando eran sólo adolescentes y separados por su familia, se encuentran 25 años después. Ambos con hijos, pero divorciados, y con una gran casualidad frente a ellos. Sin terceros y con un café que dio tiempo para aclarar las mentiras que se tejieron para distanciarlos. Deciden que aun hay tiempo para estar juntos y ser felices. Felices en la noche cuando nada les impide amarse. Felices en el día cuando despiertan juntos. Felices siempre, excepto en las tardes: cuando en sus trabajos, se preguntan donde quedó el tiempo perdido que ya no se puede recobrar, y el amor se vuelve rencor hacia terceros. Y el dolor por los años perdidos es apenas soportable.

¿Cómo una familia, una sociedad, unos simples prejuicios pueden hacer tanto daño? Piensan. Cuando la terquedad y las mentes cerradas no fueron capaces de ver que la razón estaba del lado de dos adolescentes; que ahora miran los años juntos que tienen por vivir como a aquella botella de vino: algunas veces medio llena y otras medio vacía. Y vivir bajo la frase agridulce de los amores tardíos.

En otro universo, paralelo al nuestro, hay una gran habitación. Oscura. Llena de objetos. En su mayoría oxidados. Cubiertos por telarañas y polvo.
Artefactos, medicinas, obras de arte… Cosas que nunca existieron en la tierra. Creaciones que nunca germinaron de la mente de sus genios.
Porque no tuvieron la fuerza de plasmarla. Porque la vida no los dejó.
El libro de aquel soldado-artista que no sobrevivió a la segunda guerra mundial.
Millones de cosas… Infinitas.
Fetos; en envases de cristal. Aquellos que tampoco existieron.
Aterrador. Pero lo que más impacta es el piso:
Mis pisadas crujían. Pensé que me paraba sobre hojas secas de otoño. No entendía qué hacían allí.
Pero luego me di cuenta que eran hojas de papel ¿libros? ¿Novelas? Empecé a revisar. Tenía tiempo. Aquí éste no avanzaba.
Revisé, revisé: millones de papeles secos, gastados. Con uno o varios nombres y lugares, y una fecha.
Aun sin entender.
Hasta que, quedando de piedra, vi otros cientos de papeles con distintas fechas, pero el mismo nombre: el mío.
Leí aquello legible aun. Sucesos propios. Desenlaces hermosos. A partir de mi infancia, de mi adolescencia. De hoy mismo.
Entonces entendí que todo aquello era lo que nuestra vida pudo ser pero no fue.
Además cómo hubiese cambiado la vida de los demás conforme a la mía. O viceversa.
De todos los relatos, el más sublime: Al lado de una mujer. Pero al terminar de leerlo, cuando quise conocer su nombre, el papel estaba demasiado roído y sólo distinguí sus iniciales: M. G.
Y la hoja se deshizo.

Entonces desperté.

Publicado inicialmente, por el autor de este blog, el 6 de Noviembre de 2005, en El País de Sikanda:

A través de cinco ventanas abiertas, puedo ver el lugar donde dos amantes se citan; cada noche.
Es una casa infinita. Siempre oscura. Hay millones de velas, eso sí, pero con todo no son suficientes para alumbrarla.
Desde aquí, se ven sus luces, diminutas, pestañeando débilmente: aunque sin cansarse.
Unas se encienden, otras se apagan: por si solas.
Es una casa embrujada. Quizás por amor, quizás por nostalgia. O tal vez por costumbre.
En el centro hay una mesa de roca, cubierta por un mantel azul, y alumbrada por una lámpara de plata, a veces radiante, otras, a media luz, otras, apagada; según la ocasión.
Sobre el mantel abundan decenas de platillos; de muchas regiones; y con distintos sabores: amargos, dulces, ácidos… picantes. También de distintas temperaturas. Y sentimientos.
(Además hay vinos, hechos con la sangre de los que luchan, de los que aman).
Al final se ven llegar a los dos amantes: Marte y Venus.
Marte es mayor. Venus es una chiquilla, muy coqueta: siempre llena de joyas para brillar como nadie.
Esta noche está muy excitada y se sentó al lado de la lámpara de plata, para llamar la atención de su pareja.
Pero, Marte, demasiado tímido, se sonroja y se distancia.
En el fondo está afligido: sabe que dentro de poco tendrá que despedirse, y sólo podrá volver a ver a su amante 14 años más tarde.

El lunes 17 de octubre, tuve la oportunidad de sembrar el siguiente post en El País de Sikanda. Gracias a Sika, la autora, por haberme dado ese gran honor-invitación. Ahora les dejó ese mismo post, aquí también:

Tiempo para un poema

Si yo tuviese una estación de radio o un canal de televisión pasaría horas y horas todos los días, hasta la madrugada si fuera necesario, buscando noticias optimistas y alegres que transmitir a la siguiente mañana.

Si yo tuviese que levantarme muy temprano cada mañana: en vez de encender el televisor o el radio, saldría al jardín de mi casa o abriría las ventanas de mi apartamento y me deleitaría con los hermosos amaneceres y el concierto de las aves, y respiraría un poco de aire puro antes de la hora del smoke.

Las gentes gastan miles de horas, su salud y su vida para ganar algo que llaman dinero. Luego gastan gran parte de ese dinero para comprar cuadros y asistir a conciertos. Pero no tienen idea de que cada día desperdician verdaderas obras de artes pintadas a través de todo el cielo; y no se dan cuenta de que si bajaran el volumen de sus aparatos transmisores de desgracias escucharían un sublime coro cantando cada mañana sin pedir un centavo.

Las gentes mal-gastan toda su vida así.

Un día cuando ya es demasiado tarde abren los ojos y se enteran de que todo aquello que llamaban progreso-bienestar fue una mentira, la ruina de sus vidas y del planeta; y como aquel Ivan Ilich piensan que la vida les ha jugado una mala pasada pero no encuentran a quien, sinceramente, culpar.

Y aun cuando pienso todo esto, viendo a las personas caminar con prisa, observando como el agua de mi café vuela al cielo, libro de Henri Michaux en mano y mirada de soñador: un señor-corbata-apretada pasa y me dice con sus ojos despectivos que ahora no queda tiempo para sueños ni para poemas; pero le contesto a media voz que si las personas se tomaran tiempo para la poesía, para los amaneceres y las rosas: el mundo no estaría de esta forma.

-La noche está negra, completamente negra, ¿verdad sasha? -le dije mientras la veía devorar un pedazo de pan sobre la grama.
-¿Recuerdas? Hace varios meses, cada vez que iba a visitarla te pedía que me desearas suerte. Luego, cuando volvía a casa a las once, doce… alguna vez a la una: te levantabas del sillón y te desperezabas para salir a mi encuentro: fiel como siempre, sin reclamos, sin celos: sólo contenta de verme; y yo te decía “no me deseaste suerte ¿verdad sasha?” y tú bajabas la cabeza y acto seguido caminabas a mi lado, entonces yo me sentaba en ese mismo sillón y ahí me quedaba mirando por largo rato, antes de entrar a la casa, las noches azules totalmente estrelladas y la luna llena brillando con su traje amarillo cosido con la luz del sol. ¿Recuerdas?
Pero ahora que ni ella ni la esperanza de estar con ella están en mi vida: sólo me quedan recuerdos vagos en la mente, como los de un dulce sueño del que no nos queríamos despertar. Ahora que ya no puedo ni verla, el vacío que me dejó se tragó incluso al mismo cielo.
La noche está negra ¿comprendes lo que significa sasha?: Sin luna, sin estrellas, sin luz, sin esperanzas: como mi vida quedó sin ella.

SashaY mi dálmata me miró con unos ojos tan tristes que entendí que me comprendía mejor que cualquier persona.

Aquí está algo que escribí el jueves ¿viernes? jueves (no me acuerdo). Daniela me dijo que no era un ensayo, que más bien era una prosa… En realidad yo no sé distinguir muy bien qué es un ensayo y que no: pero le había puesto así porque es esto, sólo una practica de mi prosa, algo que se vino a mi mente en borrador, escribí en borrador y lo publiqué en borrador. Aquí está, espero les guste.

-¿Llevas todo el día encerrado en tu cuarto? –Pregunta mi novia- ¿Para qué quieres tanto ser escritor? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene vivir así?

Sé que a ella le parece muy triste eso y sé que cuando pienso en la vida de Hemingway y de los otros se me antojan tristes también; pero: ahora cuando estoy solo en mi cuarto y oigo a través de la ventana el gran árbol de muchos años, ahora que acaricia mi piel el concierto de los pájaros, ahora que miro el ladrido de los perros y degusto por toda mi boca la caída del atardecer, ahora que observo el viento y puedo oler el horizonte: ahora cuando todos mis sentidos se mezclan, se entre-mezclan, se vuelven un sólo sentido que soy yo, junto a todo lo que mi vida fue y podrá ser… Y me siento distante, inalcanzable de todo lo que está allá afuera. Ahora que me siento pleno deslizando los dedos de mi alma, escribiendo palabras fugaces en mi mente como marcas de arena en la playa que luego intentaré recordar: ahora cuando las preocupaciones no me alcanzan y no existe otro momento más que éste: ahora que no existen presentes ni futuros: ahora que no existe nada más que mis sentidos, ahora que no existe la muerte…

-¿Alo? ¿Cielo? ¿Sigues allí?
-Ah… Sí, disculpa. ¿Quieres venir mañana?

¿Cómo te Sientes Hoy?

Autor

Duilio / Venezuela

solo[arroba]otrotiempo.com

Aficiones:
Pink Floyd / Yann Tiersen
Alan Parsons Project
Radiohead / Coldplay / u2
Supertramp / Soda Stereo
Henry Miller / Dostoievski
Camus / Rimbaud / Baudelaire
H. Michaux / Ortega y Gasset
Werther / Rojo y Negro
La Náusea / Hamlet
Por quien doblan las campanas
El Retrato de Dorian Gray
Luna / Atardeceres
Estrellas / Estrellas fugaces
Leer / Escribir / Estudiar
Nadar / Hacer ejercicios
Programar / Diseñar
Guitarra / Ingles / Frances
Almas gemelas / Cosas sublimes...

Cita

"Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía." Simón Bolívar.

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