Citas

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Este capítulo de Rayuela me ha puesto a pensar últimamente. Es el primer capítulo de Rayuela si leemos la novela como dicta el “Tablero de direcciones”, es decir de forma “desordenada”, y creo que será como el primer capítulo o más bien el último o primer impulso al primer capítulo de la novela que se gesta en mi mente ahora mismo…

La realidad se percibe a veces tan vacía, hueca y absurda, que más que una auto-biografía el escritor se ve obligado a crear un mundo, a inventar una tura, a convertir un tornillo en un planeta o en una estrella, …a convertir los pocos y dispersos recuerdos que guardo de ti, en la verdadera historia que en realidad debió ser… Porque, por más que nos obstinemos en pensar que no nos necesitamos, que podemos vivir sin cosas llamadas amor o nostalgia…

Por más que nos obstinemos en entregar por completo nuestro tiempo a la investigación, a la ciencia, a la medicina… Dime:

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinamos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.

Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por su alegre cibernética, ¿no será otra vez literatura? Rebelión, conformismo, angustia, alimentos terrestres, todas las dicotomías: el Yin y el Yang, la contemplación o la Tatigkeit, avena arrollada o perdices faisandées, Lascaux o Mathieu, qué hamaca de palabras, qué dialéctica de bolsillo con tormentas en piyama y cataclismos de living room. El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que sí, que no, que en ésta está… Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yang, ¿cuántos eones? Del sí al no, ¿cuántos quizá? Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros, Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella… ¿Por qué entregarse a la Gran Costumbre? Se puede elegir la tura, la invención, es decir el tornillo o el auto de juguete. Así es cómo París nos destruye despacio, deliciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino, con su fuego sin color que corre al anochecer saliendo de los portales carcomidos. Nos arde un fuego inventado, una incandescente tura, un artilugio de la raza, una ciudad que es el Gran Tornillo, la horrible aguja con su ojo nocturno por donde corre el hilo del Sena, máquina de torturas como puntillas, agonía en una jaula atestada de golondrinas enfurecidas. Ardemos en nuestra obra, fabuloso honor mortal, alto desafío del fénix. Nadie nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette. Incurables, perfectamente incurables, elegimos por tura el Gran Tornillo, nos inclinamos sobre él, entramos en él, volvemos a inventarlo cada día, a cada mancha de vino en el mantel, a cada beso del moho en las madrugadas de la Cour de Rohan, inventamos nuestro incendio, ardemos de dentro afuera, quizá eso sea la elección, quizá las palabras envuelvan esto como la servilleta el pan y dentro esté la fragancia, la harina esponjándose, el sí sin el no, o el no sin el sí, el día sin Manes, sin Ormuz o Arimán, de una vez por todas y en paz y basta.

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Sigo con Cortazar. Me encanta esto, se supone que iba a publicar algo mío ahora pero no he tenido tiempo de retocarlo. No sé en que terminará esto de seguir así. Tengo nuevas ideas pero no empezaré nada hasta no estar totalmente satisfecho con ello y hasta que el inicio no tenga un fin… Y hablando de fin… Mejor en fin y los dejo con…

Retrato de Hélène morenamente seda, canto rodado que en la palma de la mano finge entibiarse y la va helando hasta quemarla, anillo de Moebius donde las palabras y los actos circulan solapados y de pronto son cruz o raya, ahora o nunca, Hélène Arp, Hélène Brancusi, tantas veces Helénè Hadju con el filo de la doble hacha y un gusto a sílex en el beso, Hélène arquero flechado, busto de Cómodo adolescente, Hélène dama del Elche, doncel del Elche, fría astuta indiferente crueldad cortés de infanta entre suplicantes y enanos, Hélène mariée mise à nu par ses célibataires, même, Hélène respiración de mármol, estrella de mar que asciende por el hombre dormido y sobre el corazón se hinca para siempre, lejana y fría, perfectísima. Hélène tigre que fuera gato que fuera ovillo de lana. (La sombra de Hélène es más densa que las otras y más fría; quien posa el pie en sus sargazos siente subir el veneno que lo hará vivir para siempre en el único delirio necesario.) El diluvio es antes y después de Hélène; todo teléfono espera, escorpión gigante, la orden de Hélène para romper el cable que lo ataba al tiempo, grabar con su aguijón de brasa el verdadero nombre del amor en la piel del que todavía esperaba tomar el té con Hélène, recibir la llamada de Hélène.

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A fin de ayudar a difundir la información que se está publicando diariamente sobre la reforma constitucional nueva constitución que el gobierno pretender imponernos, durante las próximas semanas estaré escribiendo o simplemente citando varios artículos que encuentre en la red y cuya opinión respalde o relate sucesos que pueda confirmar.

Hoy Jeanfreddy publica desde su blog

Dicen que no hay argumentos.

Yo tengo los míos y me gusta hacerlo a veces en forma humorística para tratar de paliar un poco lo triste que resulta una reforma que da excesivos poderes al Presidente en materia política, económica y territorial, lo que supone confiar el destino de la nación no precisamente en éste que existe ahora nada más, sino que no prevee lo que sucedería con próximos presidentes pues obviamente el cortoplacismo de la Reforma Constitucional está planteada -como los antiguos terratenientes del siglo pasado- en los intereses personales del mandatario de turno, a lo Guzmán Blanco.

Hoy por eso ya no me da tanta risa.

Para quienes creen que hacen falta cambios y reformas, les digo que la Constitución de 1999 que atacó en un principio la oposición -es entendible la resistencia inicial, está en la propia teoría socialista- fue luego defendida por ser un texto vapuleado, mal interpretado e incumplido por el gobierno. Los referéndums revocatorios fueron prueba jurídica de ello. Allí está el nuevo Estado que escribió una mayoría del MVR. Allí están los derechos, los cambios, reformas y medidas necesarias para transformar este país y llevarnos al éxito social. Eso dijeron ustedes.

Es un proyecto en el que creyó el Presidente y quienes lo acompañaban, por lo que entonces quedan sólo dos opciones: entonces mintieron o ahora están mintiendo. Lo que ellos mismos plantearon ahora les parece insuficiente a pesar de no cumplirlo. ¿Cada cuánto querrán entonces hacer retoques para adaptarse a las nuevas realidades del país? ¿Para que están las leyes orgánicas y especiales, los decretos presidenciales, el propio cumplimiendo de la ley? ¿Por qué las 6 horas diarias o la seguridad social de los trabajadores independientes debe esperar hasta el 2D? Yo quiero ya cotizar por mi trabajo como redactor, como productor de radio, como manager de bandas.

¿Para qué las ciudades comunales si aún no recuperan totalmente Vargas, si el Guaire sigue inmundo, si Miraflores no es la Universidad que prometió, si siguen los niños de la calle, si la corrupción campea y le permite ser Presidente por la complicidad, si están los mismos vicios adecos de “no me des sino ponme dónde hay”´? Esto sólo serán instrumentos de retaliación contra alcaldes molestos. ¿Acaso los Consejos Comunales no se encargarán de resolver los problemas puntuales de la comunidad? Muy sospechoso que de estas nuevas unidades territoriales sea el Presidente quién designe la autoridad, y no por elección popular.

Si hace falta una reforma constitucional sería para decretar que Venezuela explotará de forma sustentable los recursos turísticos, creando más de 5 mil hoteles y posadas en toda la nación, que alentará la educación para todos construyendo 5 mil liceos de dónde todos salgan bilingües y reparando los que ya existen, qué abrirán 20 nuevas cárceles con módulos de estudio y trabajo dignificantes, con 20 ciudades judiciales para acabar con el retraso procesal. Esto último está prometido, no cumplido.

Eso si daría trabajo, llamaría inversión y daría prosperidad a muchos desempleados, a muchas empresas que ampliarían su nómina y la cantidad de beneficios a la misma, que crearía y repartiría riqueza, ahora, mañana y siempre. Exigiendo a las empresas privadas el aporte cultural, la responsabilidad ecológica, el aporte de sus impuestos.

Un cambio sería que se aumentara la exigencia para estudiar Educación y duplicara los beneficios socio-económicos de los profesores. Que diera prioridad a la construcción y refacción de hospitales en cada municipio del país, uno por parroquia en las zonas más populosas, y los médicos recibieran un sueldo digno. Que no exista terminal de pasajeros, esquina de barrio o centro comercial sin la debida protección policial y si es necesaria, militar, para erradicar el hampa común.

Sigue sin resolverse con esta reforma inútil problemas como la drogadicción y el narcotráfico, el embarazo precoz y el aborto, la falta de empleos, la baja promoción cultural, la dependencia petrolera, la delincuencia, la inseguridad jurídica y el irrespeto por los Derechos Humanos.

Tenemos que examinar la Reforma Constitucional no desde la óptica de rabia de acusar a todo el que se oponga como de derecha, eso de vaina existe aquí, porque hasta adecos y copeyanos vinieron del PCV, de la guerrilla o de la social democracia. Si el sueño es el socialismo, vamos a bucar modelos nacionalistas como los de Chile o de Suecia, no los autoritarios de Cuba ni la URSS. Mucho menos el de China que persigue al Dalai Lama, apresa periodistas y disidentes e irrespeta la soberanía de Taiwán.

Sino, terminarás viviendo en una casa que no es tuya, ni de tus hijos, sino de quién el Estado suponga que debe ser utilizada, siendo esta reconocida en su uso, goce y disposición “según establezca la ley”.

Esto pica y se extiende. De aquí y varias otras ideas, de izquierda, de centro, de derecha, ecologistas, nacionalistas, indigenistas, alternativas, republicanas, democráticas y hasta anárquicas, puede nacer un debate, una discusión, un proyecto conjunto.

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Rayuela - Capítulo 68

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

…y cómo me gustaria poder amalarte el noema, relamar tus incopelusas, aproximarte suavemente mis oferlunios, que quedemos perlinos y marulos y juntos alcancemos el límite de las gunfias…

¡El otoño ya! —Pero por qué añorar un sol eterno, cuando estamos empeñados en descubrir la claridad divina, —lejos de las gentes que mueren en las estaciones.

El otoño. Nuestra barca en lo alto de las brumas inmóviles vira hacia el puerto de la miseria, la ciudad enorme de cielo manchado de fuego y lodo. ¡Ah! ¡los harapos podridos, el pan empapado en lluvia, la embriaguez, los mil amores que me han crucificado! ¿No acabará nunca esta soberana vámpiro de millones de almas y de cuerpos muertos y que serán juzgados! Vuelvo a verme la piel devorada por el fango y la peste, llenos de gusanos los cabellos y las axilas y con gusanos aún mayores en el corazón, tendido entre desconocidos sin edad, sin sentimiento… Hubiera podido morir allí… ¡Horrible evocación! Execro la miseria.

¡Y temo al invierno por ser la estación del “confort”!

—A veces veo en el cielo playas sin fin cubiertas de blancas naciones jubilosas. Por encima de mí, un enorme navío de oro agita sus pabellones multicolores en las brisas de la mañana. He creado todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. He tratado de inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevos idiomas. Creí adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y bien! ¡debo enterrar mi imaginación y mis recuerdos! ¡Bella gloria de artista y de narrador perdida!

¡Yo! ¡Yo que me consideré ángel o mago, dispensado de toda moral, soy restituido a la tierra, con un -deber que hay que buscar, y una rugosa realidad que es necesario estrechar! ¡Patán!

¿Estaré equivocado? ¿Será la caridad, para mí, hermana de la muerte?

En fín, pediré perdón por haberme alimentado de mentira. Y adelante.

¡Pero ni una mano amiga! ¿Y dónde conseguir ayuda?

“El sueño estaba compuesto como una torre formada por capas sin fin que se alzaran y se perdieran en el infinito, o bajaran en círculos perdiéndose en las entrañas de la tierra. Cuando me arrastró en sus ondas la espiral comenzó, y esa espiral era un laberinto. No había ni techo ni fondo, ni paredes ni regreso. Pero había temas que se repetían con exactitud.”

¡Feliz fin de semana a todos!

La próxima semana nos pondremos al día sobre cómo anda Venezuela y, luego

(Si tu conexión está lenta, puedes darle play y luego pausar, y des-pausar cuando se cargue toda la pista).

Rayuela - Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.



rayuela1.jpgHace un par de días me acompaña la frase: “Es terrible sentirse solo y, sin embargo, no poder estarlo”. A veces, cuando me invade ese horrible sentimiento de soledad y, en vista de los intentos frustrados de encontrar “compañía” (otherness y no togetherness según este capítulo de Cortazar) decido y hago todo lo posible por sumergirme en una profunda soledad. Creo firmemente que, a veces, la mejor y más fácil forma de huir de un huracán es internarse en su ojo, en su centro… Después de todo, en las personas que viven de forma “gregaria” se entreve un vacío de dimensiones iguales o mayores a nosotros: los ermitaños, inadaptados, o como más les divierta llamarnos. El problema es cuando uno llega a conocerse a sí mismo tanto como puede y, aún así, se sigue sin poder “franquear” esa frontera donde se llegue al fin a encontrar una verdadera y profunda compañía con la que compartir todo esto que hemos descubierto y recibir lo mismo a cambio. Vamos a llamarla hoy Otherness. El siguiente capítulo de Rayuela me revivió y dio una idea más concisa de todo esto:

Las opiniones eran que el viejo se había resbalado, que el auto había “quemado� la luz roja, que el viejo había querido suicidarse, que todo estaba cada vez peor en París, que el tráfico era monstruoso, que el viejo no tenía la culpa, que el viejo tenía la culpa, que los frenos del auto no andaban bien, que el viejo era de una imprudencia temeraria, que la vida estaba cada vez más cara, que en París había demasiados extranjeros que no entendían las leyes del tráfico y les quitaban el trabajo a los franceses.

El viejo no parecía demasiado contuso. Sonreía vagamente, pasándose la mano por el bigote. Llegó una ambulancia, lo izaron a la camilla, el conductor del auto siguió agitando las manos y explicando el accidente al policía y a los curiosos.

-Vive en el treinta y dos de la rue Madame –dijo un muchacho rubio que había cambiado algunas frases con Oliveira y los demás curiosos-. Es un escritor, lo conozco. Escribe libros.

-El paragolpes le dio en las piernas, pero el auto ya estaba muy frenado.

-Le dio en el pecho –dijo el muchacho-. El viejo se resbaló en un montón de mierda.

-Le dio en las piernas - dijo Oliveira

-Depende del punto de vista –dijo un señor enormemente bajo.

-Le dio en el pecho – dijo el muchacho-. Lo vi con estos ojos.

-En ese caso… ¿No sería bueno avisar a la familia?

-No tiene familia, es un escritor.

-Ah – dijo Oliveira.

-Tiene un gato y muchísimos libros. Una vez subí a llevarle un paquete de parte de la portera, y me hizo entrar. Había libros por todas partes. Esto le tenía que pasar, los escritores son distraídos. A mi, para que me agarre un auto…

Caían unas pocas gotas que disolvieron en un instante el coro de testigos. Subiéndose el cuello de la canadiense, Oliveira metió la nariz en el viento frío y se puso a caminar sin rumbo. Estaba seguro de que el viejo no había sufrido mayores daños, pero seguía viendo su cara casi plácida, más bien perpleja, mientras lo tendían en la camilla entre frases de aliento y cordiales “Allez, pépère, c´est rien, ca!â€? del camillero, un pelirrojo que debía decirle lo mismo a todo el mundo. “La incomunicación totalâ€?, pensó Oliveira. “No tanto que estemos solos, ya es sabido y no hay tu tía. Estar solo es en definitiva estar solo dentro de cierto plano en el que otras soledades podrían comunicarse con nosotros si la cosa fuese posible. Pero cualquier conflicto, un accidente callejero o una declaración de guerra, provocan la brutal intersección de planos diferentes, y un hombre que quizá es una eminencia del sánscrito o de la física de los quanta, se convierte en un pépère para el camillero que lo asiste en un accidente. Edgar Poe metido en una carretilla, Verlaine en manos de medicuchos, Nerval y Artaud frente a los psiquiatras. ¿Qué podía saber de Keats el galeno italiano que lo sangraba y lo mataba de hambre? Si hombres como ellos guardan silencio como es lo más probable, los otros triunfan ciegamente, sin mala intención por supuesto, sin saber que ese operado, que ese tuberculoso, que ese herido desnudo en una cama está doblemente solo rodeado de seres que se mueven como detrás de un vidrio, desde otro tiempo…â€?

Metiéndose en un zaguán encendió un cigarrillo. Caía la tarde, grupos de muchachas salían de los comercio, necesitadas de reír, de hablar a gritos, de empujarse, de esponjarse en una porosidad de un cuarto de hora antes de recaer en el bistec y la revista semanal. Oliveira siguió andando. Sin necesidad de dramatizar, la más modesta objetividad era una apertura en absurdo de París, de la vida gregaria. Puesto que había pensado en los poetas era fácil acordarse de todos los que habían denunciado la soledad del hombre junto al hombre, la irrisoria comedia de los saludos, el “perdónâ€? al cruzarse en la escalera, el asiento que se cede a las señoras en el metro, la confraternidad en la política y los deportes. Sólo un optimismo biológico y sexual podían disimularse a algunos su insularidad, mal que le pesara a John Donne. Los contactos en la acción y la raza y el oficio y la cama y la cancha, eran contactos de ramas y hojas que se entrecruzan y acarician de árbol a árbol, mientras los troncos alzan desdeñosos sus paralelas inconciliables. “En el fondo podríamos ser como en la superficieâ€? pensó Oliveira, “pero habría que vivir de otra manera. ¿Y qué quiere decir vivir de otra manera? Quizá vivir absurdamente para acabar con el absurdo, tirarse en sí mismo con una tal violencia que el salto acabara en los brazos de otro. Sí, quizá el amor, pero la otherness no dura lo que dura una mujer, y además solamente en lo que toca a esa mujer. En el fondo no hay otherness, apenas la agradable togetherness. Cierto que ya es algoâ€?… Amor, ceremonia ontologizante, dadora de ser. Y por eso se le ocurría ahora lo que a lo mejor debería habérsele ocurrido al principio: sin poseerse no había posesión de la otredad, ¿y quién se poseía de veras? ¿Quién estaba de vuelta en sí mismo, de la soledad absoluta que representa no contar siquiera con la compañía propia, tener que meterse en el cine o en el prostíbulo o en la casa de los amigos o en una profesión absorbente o en el matrimonio para estar por lo menos solo-entre-los-demás? Así, paradójicamente, el colmo de soledad conducía al colmo de gregarismo, a la gran ilusión de la compañía ajena, al hombre solo en la sala de los espejos y los ecos. Pero gentes como él y tantos otros, que se aceptaban a sí mismos (o que se rechazaban pero conociéndose de cerca) entraban en la peor paradoja, la de estar quizá al borde de la otredad y no poder franquearlo. La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro.

¿Cómo te Sientes Hoy?

Autor

Duilio / Venezuela

solo[arroba]otrotiempo.com

Aficiones:
Pink Floyd / Yann Tiersen
Alan Parsons Project
Radiohead / Coldplay / u2
Supertramp / Soda Stereo
Henry Miller / Dostoievski
Camus / Rimbaud / Baudelaire
H. Michaux / Ortega y Gasset
Werther / Rojo y Negro
La Náusea / Hamlet
Por quien doblan las campanas
El Retrato de Dorian Gray
Luna / Atardeceres
Estrellas / Estrellas fugaces
Leer / Escribir / Estudiar
Nadar / Hacer ejercicios
Programar / Diseñar
Guitarra / Ingles / Frances
Almas gemelas / Cosas sublimes...

Cita

"Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía." Simón Bolívar.

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