Hoy, contigo, de noche, con todas las lámparas apagadas, todo es luz y claridad…
Mañana tendré que irme y entonces, al amanecer… todo será oscuridad de nuevo
Al amanecer volveremos a pretender que estas manos que ahora exploran suave y rítmicamente nuestros cuerpos… fueron hechas para escribir sobre un teclado, para apretar una palm, para sujetar un teléfono o hacer girar un volante…
Mañana nos iremos dejando lo que de humanos tenemos sobre las huellas de ésta que será, seguramente, otra cama desolada… Y vendrá otra mucama más a “ordenar” todo con gestos de cansancio e irritación…
¿Comprenderá ella algún día lo que aquí ha sucedido?
¿Le dirán estas sábanas revueltas, que yacen ahora en el piso, que aquí estuvo un hombre cuya alma le pidió a gritos a todos los relojes del mundo que detuviesen su marcha incesante?
Pero el metal no sabe nada de sentimientos ni puede sentir las vibraciones del alma.
¡Sino mira cómo son las ciudades donde creemos vivir!
…y el tiempo, Marjorie, es cruel y piensa que no nos merecemos una tregua…
¿Qué me queda entonces?
Disfrutar acá entre tus brazos, rodeado por el calor de tu aliento, como un pagano a quien, por un extraño error o casualidad, le fue dada la entrada al paraíso por unas horas…
¡Mañana las puertas se volverán a cerrar y yo seré expulsado!
¿No oyes cómo suenan las campanas, Marjorie?
¡Mundo, deja de girar, te lo suplico de nuevo!
¿Para qué rotar y rotar, ir de un lado a otro inútilmente, si aquí, sobre tu pecho, ya todo es perfecto?
Aquí, junto a ti, en esta noche sin estrellas ni luna, todo es luz.
Mañana amanecerá y volverá a caer la oscuridad…
Así que, clávame tus uñas en mi espalda una vez más, muerde con fuerza mis hombros, los brazos que te sujetan y el pecho desnudo frente a ti; que mañana estas marcas que dejas sobre mi cuerpo -así como las cicatrices que ya tiene mi corazón- serán lo único que me quede de ti.