Rayuela - Capítulo 22



rayuela1.jpgHace un par de días me acompaña la frase: “Es terrible sentirse solo y, sin embargo, no poder estarlo”. A veces, cuando me invade ese horrible sentimiento de soledad y, en vista de los intentos frustrados de encontrar “compañía” (otherness y no togetherness según este capítulo de Cortazar) decido y hago todo lo posible por sumergirme en una profunda soledad. Creo firmemente que, a veces, la mejor y más fácil forma de huir de un huracán es internarse en su ojo, en su centro… Después de todo, en las personas que viven de forma “gregaria” se entreve un vacío de dimensiones iguales o mayores a nosotros: los ermitaños, inadaptados, o como más les divierta llamarnos. El problema es cuando uno llega a conocerse a sí mismo tanto como puede y, aún así, se sigue sin poder “franquear” esa frontera donde se llegue al fin a encontrar una verdadera y profunda compañía con la que compartir todo esto que hemos descubierto y recibir lo mismo a cambio. Vamos a llamarla hoy Otherness. El siguiente capítulo de Rayuela me revivió y dio una idea más concisa de todo esto:

Las opiniones eran que el viejo se había resbalado, que el auto había “quemado� la luz roja, que el viejo había querido suicidarse, que todo estaba cada vez peor en París, que el tráfico era monstruoso, que el viejo no tenía la culpa, que el viejo tenía la culpa, que los frenos del auto no andaban bien, que el viejo era de una imprudencia temeraria, que la vida estaba cada vez más cara, que en París había demasiados extranjeros que no entendían las leyes del tráfico y les quitaban el trabajo a los franceses.

El viejo no parecía demasiado contuso. Sonreía vagamente, pasándose la mano por el bigote. Llegó una ambulancia, lo izaron a la camilla, el conductor del auto siguió agitando las manos y explicando el accidente al policía y a los curiosos.

-Vive en el treinta y dos de la rue Madame –dijo un muchacho rubio que había cambiado algunas frases con Oliveira y los demás curiosos-. Es un escritor, lo conozco. Escribe libros.

-El paragolpes le dio en las piernas, pero el auto ya estaba muy frenado.

-Le dio en el pecho –dijo el muchacho-. El viejo se resbaló en un montón de mierda.

-Le dio en las piernas - dijo Oliveira

-Depende del punto de vista –dijo un señor enormemente bajo.

-Le dio en el pecho – dijo el muchacho-. Lo vi con estos ojos.

-En ese caso… ¿No sería bueno avisar a la familia?

-No tiene familia, es un escritor.

-Ah – dijo Oliveira.

-Tiene un gato y muchísimos libros. Una vez subí a llevarle un paquete de parte de la portera, y me hizo entrar. Había libros por todas partes. Esto le tenía que pasar, los escritores son distraídos. A mi, para que me agarre un auto…

Caían unas pocas gotas que disolvieron en un instante el coro de testigos. Subiéndose el cuello de la canadiense, Oliveira metió la nariz en el viento frío y se puso a caminar sin rumbo. Estaba seguro de que el viejo no había sufrido mayores daños, pero seguía viendo su cara casi plácida, más bien perpleja, mientras lo tendían en la camilla entre frases de aliento y cordiales “Allez, pépère, c´est rien, ca!â€? del camillero, un pelirrojo que debía decirle lo mismo a todo el mundo. “La incomunicación totalâ€?, pensó Oliveira. “No tanto que estemos solos, ya es sabido y no hay tu tía. Estar solo es en definitiva estar solo dentro de cierto plano en el que otras soledades podrían comunicarse con nosotros si la cosa fuese posible. Pero cualquier conflicto, un accidente callejero o una declaración de guerra, provocan la brutal intersección de planos diferentes, y un hombre que quizá es una eminencia del sánscrito o de la física de los quanta, se convierte en un pépère para el camillero que lo asiste en un accidente. Edgar Poe metido en una carretilla, Verlaine en manos de medicuchos, Nerval y Artaud frente a los psiquiatras. ¿Qué podía saber de Keats el galeno italiano que lo sangraba y lo mataba de hambre? Si hombres como ellos guardan silencio como es lo más probable, los otros triunfan ciegamente, sin mala intención por supuesto, sin saber que ese operado, que ese tuberculoso, que ese herido desnudo en una cama está doblemente solo rodeado de seres que se mueven como detrás de un vidrio, desde otro tiempo…â€?

Metiéndose en un zaguán encendió un cigarrillo. Caía la tarde, grupos de muchachas salían de los comercio, necesitadas de reír, de hablar a gritos, de empujarse, de esponjarse en una porosidad de un cuarto de hora antes de recaer en el bistec y la revista semanal. Oliveira siguió andando. Sin necesidad de dramatizar, la más modesta objetividad era una apertura en absurdo de París, de la vida gregaria. Puesto que había pensado en los poetas era fácil acordarse de todos los que habían denunciado la soledad del hombre junto al hombre, la irrisoria comedia de los saludos, el “perdónâ€? al cruzarse en la escalera, el asiento que se cede a las señoras en el metro, la confraternidad en la política y los deportes. Sólo un optimismo biológico y sexual podían disimularse a algunos su insularidad, mal que le pesara a John Donne. Los contactos en la acción y la raza y el oficio y la cama y la cancha, eran contactos de ramas y hojas que se entrecruzan y acarician de árbol a árbol, mientras los troncos alzan desdeñosos sus paralelas inconciliables. “En el fondo podríamos ser como en la superficieâ€? pensó Oliveira, “pero habría que vivir de otra manera. ¿Y qué quiere decir vivir de otra manera? Quizá vivir absurdamente para acabar con el absurdo, tirarse en sí mismo con una tal violencia que el salto acabara en los brazos de otro. Sí, quizá el amor, pero la otherness no dura lo que dura una mujer, y además solamente en lo que toca a esa mujer. En el fondo no hay otherness, apenas la agradable togetherness. Cierto que ya es algoâ€?… Amor, ceremonia ontologizante, dadora de ser. Y por eso se le ocurría ahora lo que a lo mejor debería habérsele ocurrido al principio: sin poseerse no había posesión de la otredad, ¿y quién se poseía de veras? ¿Quién estaba de vuelta en sí mismo, de la soledad absoluta que representa no contar siquiera con la compañía propia, tener que meterse en el cine o en el prostíbulo o en la casa de los amigos o en una profesión absorbente o en el matrimonio para estar por lo menos solo-entre-los-demás? Así, paradójicamente, el colmo de soledad conducía al colmo de gregarismo, a la gran ilusión de la compañía ajena, al hombre solo en la sala de los espejos y los ecos. Pero gentes como él y tantos otros, que se aceptaban a sí mismos (o que se rechazaban pero conociéndose de cerca) entraban en la peor paradoja, la de estar quizá al borde de la otredad y no poder franquearlo. La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro.

¿Cómo te Sientes Hoy?

Autor

Duilio / Venezuela

solo[arroba]otrotiempo.com

Aficiones:
Pink Floyd / Yann Tiersen
Alan Parsons Project
Radiohead / Coldplay / u2
Supertramp / Soda Stereo
Henry Miller / Dostoievski
Camus / Rimbaud / Baudelaire
H. Michaux / Ortega y Gasset
Werther / Rojo y Negro
La Náusea / Hamlet
Por quien doblan las campanas
El Retrato de Dorian Gray
Luna / Atardeceres
Estrellas / Estrellas fugaces
Leer / Escribir / Estudiar
Nadar / Hacer ejercicios
Programar / Diseñar
Guitarra / Ingles / Frances
Almas gemelas / Cosas sublimes...

Cita

"Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía." Simón Bolívar.

Licencia


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons

Temas

Archivos

Buscar

Enlaces

Poemas y literatura

Irrelevancia

Erotismo

Actualidad

Podcasts

Música

Cultura

Humor

Buenos blogs

Suscríbete

RSS FEED

Escríbeme a:

4 comments

Yo a veces busco la soledad y me doy tiempo a mi mismo… cojo mi mochila, la lleno de mandarinas y un libro y me voy en tren a un lugar para pasear y sentirme anonimo.

Un saludo

La soledad la describió Arjona alguna vez, perfectamente…

Mi soledad la acompaño con literatura, con yogurts de fresa, con melancolía y buena música, muchas veces…

Otras, sólo la dejo tranquila, y sólo es mi compañera.

hola mucho gusto yo soy carolina una niña de solo 14 años a la que aveses tambien se le pasa por la cabeza que si es mejor estar sola soy adolesente y por mi cabeza pasan una serie de pensamientos pero lo que tengo quedecir es que nunca pero nunca estamos solos aunque lo piense estamos con la mejor conpañia esa es la de DIOS el siempre estara con nosotros aun despues de nuestra muerte el estara alli cuidandonos como sus ovejas como dise la biblia “si un pastor tiene 100 ovejas y pierde una ¿acaso deja las 99 y va en busca de la perdida? ¿y cuando la encuentra que ase?una enorme fiesta por supuesto por que la a encontrado sana y salva DIOS queridos amigos no nos avandona nisiquiera un hermitaño el que se cree solo o cree que esta solo eso es totalmente falso POR QUE ES DIOS QUIEN SE QUEDARA CON NOSOTROS ES DIOS QUIEN ESTA CON NOSOTROS Y ES EN DIOS QUIEN TENEMOS QUE CONFIAR HOY Y SIEMPRE
un cordial saludo de VALDIVIA los quiero mucho
y que DIOS les bengan =)

Nada, pasaba por acá, veo que este upload tiene bastante tiempo ya pero… me sentí demasiado identificada. Más, habiendo leido Rayuela, esto me hizo pensar que tengo que releerla porque hay cosas que se me han pasado y que me haria mucho bien recordar, como ésta.
En mi caso es la soledad, demasiado grande como para describirla aquí, además de que no encuentro palabras para contarles cómo me siento en éstos momentos…
Gracias de todas formas…