Todos los dÃas es lo mismo; me levanto, tomo el libro de Baudelaire, Miller, Camus, etcétera… que esté leyendo y salgo a tomar el metro para ir al trabajo.
Todos los dÃas sueño con lo mismo: que mi compañera de puesto, o una chica que esté de pie a mi lado me mire y me diga: “¡yo leà las flores del mal hace tiempo! ¿qué tal el esplÃn de Paris?”
Pero, todo los dÃas pasa lo mismo: nada.
Y llego al trabajo o, a donde sea que vaya: y me toca tratar con personas que me hacen sentirme como el tÃtulo de este post. Un “extranjero”, como si estuviese en Italia y Portugal, podemos medio entendernos, pero simplemente no hablamos el mismo idioma, somos parecidos pero no somos de la misma raza.
Y yo levanto la mirada al cielo y digo “¡Dios porqué me mandaste a vivir a otro planeta, cuando podré volver con mi gente!”
Pero leo a tantos poetas, escucho la música de Pink Floyd, de Alan Parsons Project, y de tantos otros, leo tantos libros, veo pinturas, y me digo: sÃ, tal vez sea de este planeta, pero ¿Dónde quedaron ellos?
Entonces, respiro profundo, y tomo fuerzas para esperar al dÃa siguiente; esperar que algún dia pase “algo”… y no pasa nada.
Excepto ayer, ayer algo me decÃa que sà iba a suceder al fin algo; y asà fue: en el metro una chica sostenÃa un libro pequeño, de esos llamados “libros de bolsillo”, en la parte posterior habÃa una foto en blanco y negro, una foto que me invitaba a pensar que no era un patético libro de autoayuda o etcétera. Ese dÃa Miller se habÃa estado quejando en mi mesa de noche, para que me lo llevara al trabajo: no tenÃa ganas de leer, pero: está bien, le dije (siempre hay que hacerles caso). Ahà estaba la razón: la chica, cuando le hablase, verÃa el libro, no pensarÃa que era un loco o un aprovechado: sabrÃa que yo era como ella, que eramos del mismo planeta.
Y mientras soñaba con los tÃtulos del librito que ella llevaba (algo dentro de mà me decia Sartre, Sartre…) corrà a alcanzarla…
La chica se me perdÃa de vista, de a ratos, pero la volvÃa a alcanzar. Hasta que cruzó en la esquina, a la derecha, para tomar el metro.
Era, por decirlo asÃ, un callejón sin salida (la única salida era irse en metro y el metro no habÃa llegado…)
No obstante, cuando llegue: ¡¡no estaba!! La busqué casi al borde de la desesperación y nada.
Hasta que llegué a pensar que me habÃa imaginado todo… (”Vaya… sabrÃa que tarde o temprano perderÃa la razón -me decÃa”). No, claro que ella estaba allà ¿a donde fue?
Y la única puerta que habÃa cerca era el cuarto de máquinas, ¿trabajaba en el metro? ¿me vio seguirla y se asustó? ¿qué pasó?
Pero el metro llegaba y eran las 8:10 (iba tarde al trabajo), y, como siempre, la responsabilidad, el ser maduros puede más que nuestros sueños.
7 comments
03/07/2006 at 4:27 pm
Mariana
Interesante reflexión. Te comprendo. Sé perfectamente lo que se siente ser extranjera. Y no solo por que soy de otro paÃs, sino porque tampoco siento que encajo, que compagino con la mayorÃa de las personas con las que me relaicono, no compagino con la sociedad o la cultura en que me ha tocado vivir.
Por tanto- y pensando en lo que usted expresa: “…esperar al dÃa siguiente; esperar que algún dia pase “algoâ€?… y no pasa nada.”- me planteo: ¿en vez de quedarnos esperando a que suceda “algo”, hagamos algo diferente para que nuestros dÃas sean diferentes. Dar nosotros el primer paso….. asi no nos sentiremos como las “victimas del destino o de la vida”
Saludos cariñosos
03/07/2006 at 5:12 pm
unocontodo
Muchas veces sufro de lo mismo, me siento como un extranjero, no tanto del planeta, pero si de este paÃs… buena la anécdota.
04/07/2006 at 1:30 am
lacho...
Ciertamente es lamentable que asi como desaparecio esa chica tambien desaparezcan la mayoria de nuestros sueños en un mar de responsabilidades agobiantes. Espero por el otro fragmento!!
04/07/2006 at 8:51 am
Duilio
Mariana: con respecto a ser de otro paÃs, me parece curioso mencionar la anécdota de que yo desde pequeño pienso que la poca sangre francesa que recorre mis venas, hierve de rabia por vivir rodeada de toda esta vulgaridad (entiéndase vulgar por común); y es esa rabia la que me ha hecho ser diferente.
Gracias Horacio!
Lacho: esta semana lo escribo apenas pueda. Saludos primo.
05/07/2006 at 4:11 am
Pequeña Delirio
Se cuentan con los dedos de manos fantasmales las veces que un alma gemela ha acariciado nuestra sombra. Suele ser un relámpago apenas, pero basta para hacernos creer que es este mundo, y no otro, el adecuado para vivir nuestros sueños mientras nos desvelamos por la noche… “Hasta cuándo y hasta cuánto puede durar un sufrimiento (…) Cuántos grados bajo cero de desamor aguanta el ser humano”
No sé si soy amorlófila, como rezaba Gloria Fuertes en uno de sus poemas más intensos, pero creo que el mundo nos regala, de vez en cuando, relámpagos… y cuántos menos sean… más los valoraremos… de eso estoy segura…
07/07/2006 at 7:43 am
edian
Je, hace dos dias me llamaron por enésima vez “bicho raro” porque no entiendo de fútbol y no llevo reloj. Hoy me he puesto reloj y como no estoy acostumbrada a llevarlo se me olvida mirarlo, je!, pero no es eso, somos todos diferentes y eso es lo que nos hace enriquecernos ;)
¿quieres hora?
07/07/2006 at 9:22 am
Duilio
Tranquila edian, aquà no hay hora; aquà estás en otro tiempo :P
Es un honor tener a tan gran ilustradora, de visita por mi página!
Apenas pueda te coloco un link =)